Anti-Cuarentena, Anti-Vacunas, Anti-Derechos.

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Artículo de la tercera entrega de #Microdebates.

Por: Guido Nicolás Alvarez

En los albores del siglo pasado, Max weber consideró que las sociedades occidentales habrían de ingresar en un curso de progresiva racionalización que abriría las puertas a una dominación legitimada en leyes, organización burocrática y fé en la ciencia. Y no se equivocó. Efectivamente ya casi no hay país que no esté organizado en torno a aquel trípode cuyo denominador común es la racionalidad -al menos, en términos generales. Y quizás sea por esto que usted haya reaccionado con estupor y desconcierto frente al tipo particular de manifestación anti-cuarentena que hemos visto los últimos días en el Obelisco y la Plaza de Mayo. Quizás sea por el acierto de la hipótesis del sociólogo alemán que su primer pregunta ante el uso público de la palabra de discursos conspirativos, declaradamente en contra de la infectología y, por cierto, antisemitas haya sido preguntarse cómo es posible que aparezcan. Sucede que el reconocimiento universal a la ciencia al que creíamos haber alcanzado sobre todo después de la lucha del movimiento LGBTIQ+ durante la última pandemia del VIH-SIDA, está siendo cuestionado. Una vez más la COVID-19 nos obliga a pensar.

Cómo es posible que aparezcan. La pregunta interesa porque guarda un potencial crítico al que su apariencia de mera inquietud cotidiana no le hace justicia. Carl Schmitt, jurista y filósofo político de mediados del siglo pasado, reflexionando en torno a las condiciones de emergencia de “lo político” consideró que se está en presencia de una unidad política en el momento en que sus integrantes trazan una línea divisoria amigo-enemigo motivada por diversas índoles ya sean civiles, redistributivas, identitarias, etc. Su consigna puede variar, la clave es que ese grupo adquiera un máximo nivel de amalgamiento por diferenciación que les permita reconocerse como un nosotros antagónico. Aquí entonces puede haber una pista. Lo que estamos empezando a ver es que este grupo aparece incipientemente como un “nosotros” tomando en consideración que el grado de diferenciación que ponen en escena podría indicarnos cierta tendencia a devenir en unidad política.

En Argentina los anti-cuarentena/vacunas/derechos tienen nombre y apellido y organizaciones. La figura más relevante por estos días es sin duda la Dra. Chinda Brandolino quien en un live de Instagram con Nicole Neumann sostuvo que “las cifras de la enfermedad están manipuladas y no permiten indicar que estemos en presencia de una pandemia”, por lo tanto, la cuarentena es una medida para “aterrorizar a la población” por parte de una elite política. La doctora en septiembre de 2018 -tras el impulso recibido por el triunfo celeste en la votación en la cámara de Senadores- fundó junto con el diputado Aurelio García Elorrio el “Frente Federal Familia y Vida” (FFFyV), el cual tenía intenciones de ser fuente de dirigentes pro-vidas con vocación política. De hecho, que no se hayan presentado a las elecciones generales del 2019 se debe a que Juan José Gómez Centurión, ex Director General de Aduanas durante el gobierno de Mauricio Macri, le “disputó” la representación del frente celeste. Producto de esta situación se unió al Proyecto Segunda República (PSR) con el objetivo de luchar contra “la legión diabólica que nos gobierna” presentándose a la par del Lic. Juan Manuel Soaje Pinto, creador del canal de YouTube “TLV1” principal trinchera ideológica del sector. El último sostiene que el ASPO es una medida más del sionismo internacional violando la soberanía argentina (de acá surgió la ridícula bandera “Soros o Perón”). A este cúmulo de personajes su suma Adrián Salbuchi, fundador del PSR, quien se muestra preocupado por el “pandemonio mundial ingenierizado artificialmente e impuesto a toda la humanidad por los delincuentes que hoy manejan y han usurpado nuestro mundo con la excusa del COVID-1984”. Es precisamente de esta particular amalgama de sectores donde surgieron algunas de la consignas expresadas en las últimas protestas llevadas adelante en el Obelisco como “OMS Genocida”, “Juicio y Castigo a los Infectólogos”, “Barbijo=Bozal”, etc.

Con todo, no debe pensarse que los personas aquí presentadas quedan netamente en las afueras de la política local, al contrario tienen contacto con figuras de mayor renombre público. Por ejemplo, en el acto en Córdoba en que se constituyó la FFFyV participaron el Dr. Abel Albino, fundador de CONIN, la ex diputada Cinthya Hotton (quien luego se uniría a Gómez Centurión) y el diputado nacional Alfredo Olmedo, entre otros, logrando congregar a las distintas partes “Ola Celeste”.

Ciertamente en nuestro país este movimiento es (¿por ahora?) marginal. Nos genera sorpresa y extrañeza antes que preocupación. Pero en términos internacionales la situación cambia. Por ejemplo, sólo hacia finales de mayo los tuits negativos en contra de George Soros – a quien se acusa de financiar las demostraciones de #blacklivesmatter con el objetivo de desgastar la imagen del presidente Donald Trump quien sería el único líder anti deep state- fueron de 20,000 por día a más de 500,000 según Anti-Defamation League. Lo mismo ocurrió en Facebook, donde el Institute for Strategic Dialogue registró en el mismo mes un récord de 68,746 menciones negativas. Y esto no deja de tener repercusiones al interior del establishment político, como lo que sucede en la política local en EE.UU. Allí, el jefe de campaña y primer Jefe de Estrategia del actual presidente fue Steve Bannon quien se refirió al virus como el “CCP (Partido Comunista Chino)-Virus”. Actualmente logró colocar a un hombre de su confianza en la Voice of America, Michael Pack.

Permítame relatarle una última anécdota. Ángela Merkel, observando estas grandes tendencias y preocupada por el crecimiento electoral de la AfD (Alternativa por Alemania) advirtió en su más reciente discurso frente a la Comisión Europea que “No hay que ser ingenuos. Las fuerzas antidemocráticas y los movimientos radicales autoritarios están esperando una crisis económica para utilizarla políticamente”. Tan pronto como terminó de pronunciar sus fuertes palabras, un murmullo se levantó en el recinto. A lo que agregó: “Parece que algunos se dieron por aludidos”. Sí, un halo de escalofrío sobreviene.

Volviendo sobre nuestro país, parecería que las normas y pactos que determinan la arena de juego político expulsan a quienes no reconocen, al menos enunciativamente, la propia competencia democrática y la racionalidad como valores fundantes. En efecto la candidatura del PSR no es más que simbólica. Pero ¿Qué tan sólido es nuestro sistema político? O más precisamente ¿Cómo se lo protege de los embates de la irracionalidad, el anti-semitismo, la pseudociencia y lxs antiderechxs? A la política se la combate con política. Si enuncian un “ellos” es por que estamos “nosotros”. Convendría entonces que nuestro “nosotros” esté dispuesto a dar batallas en la discursividad, luchas hegemónicas, gestos soberanos. Lxs anti-cuarentena/vacunas/derechos cuentan con opiniones fuertes, simples, que apelan a la más burda intuición y que no cumplen el requisito de la falsabilidad, ingredientes claves para eventualmente ganar mayor terreno opinión pública. Frente a ello nada de convencimiento, nada de búsqueda naive de diálogo. ¡Es la política, estúpido!

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