“El suicidio representa un problema de salud pública grave y creciente a nivel mundial”

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Culminando el 2021 se publicaron estadísticas alarmantes vinculadas al suicidio en adolescentes y el trato que se le da en el país.

Cobertura: Bautista Monferato

Según las estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación correspondientes al año 2019, el suicidio representa el 18% de las muertes por causas externas en todas las edades, es decir casi 1 de cada 5 muertes por motivos ajenos a enfermedades es por suicidios. Particularmente, en el segmento de entre 10 y 19 años, en ese mismo año fallecieron en Argentina por suicidio 454 niños y adolescentes, lo que da un triste promedio superior a un caso cada día.

El suicidio es un problema que abarca a la salud pública y lamentablemente se encuentra en crecimiento: la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que es la segunda causa principal de muerte a nivel mundial entre adolescentes y jóvenes de 15 a 29 años de edad.

Los comportamientos suicidas abarcan desde la ideación suicida, la elaboración de un plan, la obtención de los medios para hacerlo, hasta la consumación del acto, tenga este éxito o no; mientras que se habla de intento de suicidio cuando el individuo se autoinflinge un daño con un propósito letal, pero sin llegar a la muerte, según informó el Ministerio de Salud, que a raíz de un documento conjunto con SAP y UNICEF intenta dar relevancia a esta problemática.

Suicidio adolescente: atención con estos comportamientos - Clínica Las  Condes
Foto: Las Condes

Red Informativa dialogó con el Dr. Pablo Bonacci (MN 133.291), médico pediatra, especialista en adolescencia y parte del Comité de estudios permanentes del adolescente de la Sociedad Argentina de Pediatría.

Bonacci manifestó de manera preocupante: “El suicidio representa un problema de salud pública grave y creciente a nivel mundial. De hecho, la OMS afirma que es la segunda causa de muerte en el mundo entre adolescentes y jóvenes, y la Argentina no difiere de esta tendencia internacional”.

“El suicidio es incuestionablemente un severo problema de salud pública, por lo que se puede prevenir requiriendo políticas públicas que atiendan su abordaje. Es necesario plantear la importancia de la vigilancia epidemiológica y la visibilización de las causas externas en general y del suicidio en particular”, agregó.

En cuanto al país y los cuidados hospitalarios, extendió: “Preocupa el hecho de que en algunas provincias las muertes por suicidios estén subdiagnosticadas debido a los registros de las mismas como ´causas de intención no determinada´. Para esto es necesario desarrollar sistemas de registro y análisis de la información que permita caracterizar mejor esta problemática y poder establecer estrategias para intentar reducir estas causas de muerte”.

“La sociedad en su conjunto puede colaborar en acciones para intentar prevenir el suicidio a través de las instituciones públicas, privadas y de la comunidad, estableciendo protocolos de actuación ante los casos de intentos de suicidio. Además, debe realizar acciones a fin de mejorar y promover la salud de la población”, continuó.

“Es importante la difusión de la información, hablar de la magnitud del problema y su relevancia para la salud pública, ya que el suicidio no afecta solo a quien ha muerto sino a las personas que conforman su entorno significativo. Hay que extirpar el tabú, porque el suicidio es un grave problema de salud que se puede prevenir”, expresó.

Vinculado al marco socio-cultural, el reconocido doctor amplificó: “Existen barreras en el acceso al derecho a la salud para la población de adolescentes. Estas barreras están determinadas tanto por el sistema de salud en sí como por las construcciones culturales propias de la edad. Asimismo, existe cierta estigmatización en relación al suicidio, la salud mental y las autolesiones que favorece que las personas no establezcan contacto con los servicios de salud ni busquen ayuda profesional, empeorando su situación”.

Mengenal Cyberbullying, Kasus Kekerasan Dunia Maya yang Kerap Menyerang  Anak, Waspada! | Orami
El Cyberbulling también conserva un porcentaje de responsabilidad en el suicidio juvenil. Foto: Orami.

“Es necesario hacer hincapié en la acción colectiva. La colaboración de sectores como el de la salud, la educación, los servicios sociales, la justicia y la política son necesarios para resolver problemas que se consideran netamente ´médicos´”, adhirió.

“El ministerio de salud de la Nación sacó este año un documento muy completo sobre el tema con el fin de ponerlo en agenda y establecer su prioridad. Este es un primer paso para favorecer la visibilización de la problemática, y focalizar en la priorización de la salud mental” advirtió en relación al rol estatal en Argentina.

Por último, culminó refiriéndose a la función de la tecnología en la actualidad: “Las redes sociales pueden ayudar en difundir la temática. Desde la Sociedad Argentina de pediatría se está intentando difundir y articular con instituciones y medios de difusión masiva de manera de colaborar también es su prevención”.

En cifras oficiales documentadas, se indica que en 2019 murieron por esta causa 454 argentinos de entre 10 y 19 años. Además, desde la Sociedad Argentina de Pediatría advierten que sostener algunos mitos como que “hablar del tema incrementa el riesgo”’ o que “los niños no se suicidan” dificulta la prevención de estos episodios.

También destacan un incremento en la ocurrencia de autolesiones, conductas que son emuladas por sus pares y que muchas veces responden a diferentes situaciones de vulnerabilidad social.

“El suicidio no se comprende en sí mismo como una entidad psicopatológica ni se circunscribe a un padecimiento mental; se entiende como un fenómeno multicausal en el que interactúan factores del orden individual, familiar, social y comunitario”, afirmó al momento de la publicación de las estadísticas la Dra. Nora Poggione, médica pediatra, miembro del Comité de Estudios Permanentes del Adolescente (CEPA) de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

En tanto, en aquel entonces, el Dr. Fabio Bastide, pediatra especializado en Adolescencia del mismo comité de la SAP, explayó: “Una de las principales barreras es que alrededor de la problemática del suicidio circulan mitos que afectan las prácticas de prevención y del trabajo posterior con la familia y con la comunidad, luego de sucedido el episodio, en la llamada etapa de postvención. Entre otros, los mitos más frecuentes son: ‘Quien dice o amenaza con que se va a matar no lo hace’. ‘El que se suicida está atravesando una depresión’. ‘Hablar de suicidio incrementa el riesgo’. ‘El que intenta suicidarse es un cobarde o un valiente’. ‘Los niños/as no se suicidan’. ‘La tendencia al suicidio es hereditaria’. “Son todos mitos y prejuicios refutados por la evidencia científica, pero que interfieren en la identificación y prevención de los episodios”.

“El suicidio en la adolescencia es una problemática compleja que necesita de un abordaje interdisciplinario. Requiere acompañamiento de la familia y de la comunidad desde las diversas instituciones que están en contacto con las/os adolescentes. Sin embargo, la buena noticia es que se puede prevenir en la mayoría de los casos, por lo que es importante conocer y no minimizar las posibles señales de alarma que podrían dar los adolescentes”, consignó el Dr. Bastide.

Se firmó un convenio con la Sociedad Argentina de Pediatría | Ministerio  Público Tutelar
Sociedad Argentina de Pedratría. Foto: Ministerio Público Tutelar

En un trabajo elaborado por el Comité de Estudios Permanentes del Adolescente (CEPA) de la Sociedad Argentina de Pediatría, se afirma que la relevancia del suicidio en la adolescencia no afecta sólo a un sector socioeconómico ni queda reducido al espacio privado (individuos, familias o pequeños grupos), sino que es un fenómeno transversal que trasciende al conjunto de la sociedad y, por esta razón, se obliga a dar una respuesta a través de las distintas políticas públicas, priorizando un abordaje articulado, integral y comunitario.

Si se analiza específicamente la mortalidad por suicidio, el mecanismo registrado con mayor frecuencia es el ahorcamiento o sofocación, con el 91.4% de los casos. Las tasas más altas en nuestro país se registran en las provincias del NOA, especialmente Catamarca, Salta y Jujuy. Sin embargo, no es el suicidio la única problemática de autoagresión que preocupa a los pediatras: otro prototipo de conductas en crecimiento es el de las ‘autolesiones’, ya que las consultas referentes a violencia, autolesiones y suicidios se han incrementado en tiempos de pandemia, observándose estas en diferentes ámbitos como guardias y consultorios, y también demandas que aparecen a través de redes sociales como pedidos de ayuda u orientación.

Si bien los cortes se realizan, sobre todo en soledad, luego son compartidos con pares, lo que crea fuertes lazos de pertenencia e identidad. Funcionan como marcas simbólicas del sufrimiento personal; se organizan en oposición al mundo adulto y permiten obtener reconocimiento y diferencia por sus pares. Esta dinámica favorece el ocultamiento de las autoagresiones a la familia y su propagación entre adolescentes.

Desde el punto de vista legal, de acuerdo al Código Penal de la Nación Argentina, el suicidio y las autolesiones no deben considerarse un delito, por lo tanto, no deben denunciarse ante la autoridad judicial o policial.

Por su parte, a SAP destaca que, para evaluar el riesgo y definir la conducta terapéutica, es necesario un equipo interdisciplinario. “Creemos que la pesquisa y visibilización de autolesiones y signos de alerta de ideación suicida o intento de suicidio deben ser parte de la agenda permanente de todos los efectores de salud. Por dicho motivo, los profesionales de la salud deben contar con una capacitación que les permita identificar aquellos indicadores de riesgo, establecer pautas de alarma y estimular factores protectores, permitiendo así contribuir al mayor bienestar posible en la salud”, afirma en voz de la Dra. Poggione.

Prevenir el suicidio debe ser una prioridad en las agendas nacionales de  salud: OPS | Noticias ONU
Foto: UN News

Signos de alerta (Las banderas rojas)

Algunas de las “señales de alarma” entre la población de niños y adolescentes que los equipos deben conocer:

● Cambios de humor, enojo reiterado y sin sentido, irritabilidad.

● Tristeza persistente y constante.

● Falta de concentración y/o dificultades graves en la escolarización.

● Dificultades en el sueño y/o alimentación como insomnio o hipersomnia (cuando la persona está
excesivamente somnolienta), inapetencia o voracidad alimentaria.

● Aislamiento y retracción continua. Escasa o nula comunicación con convivientes.

● Desconexión del grupo de pares.

● Sensación de soledad.

● Ideas o pensamientos extraños.

No se deben minimizar estas manifestaciones, ya que muchas veces ponen en evidencia angustias, tristezas y otras situaciones de vulnerabilidad como acoso o acciones de violencia. Los signos de alerta son importantes dado que permiten establecer la letalidad del método, el nivel de deseo por ejecutar la acción o la meticulosidad de la planificación. Este tipo de hallazgos podrán obtenerse mediante una entrevista enmarcada en un ámbito adecuado, que incluya una anamnesis detallada (exploración mediante preguntas y respuestas en el diálogo médico-paciente) . Esta pesquisa permitirá establecer conductas a seguir con la con inclusión de l equipo de salud mental.

Banco de Recursos de Comunicación del Ministerio de Salud de la Nación | Prevención  suicidio
Foto: Ministerio de Salud
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