La política del diálogo

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Por Axel Cherem

Alberto no es Cristina. Por más obvia que parezca esta frase, resulta necesario partir de esta verdad para llegar al siguiente postulado. Mientras recopilamos videos de la actual Vicepresidenta poniendo en ridículo a senadores y senadoras de la oposición en cada una de las sesiones virtuales, nos preguntamos por Alberto. En un acto de complemento, el primer mandatario se muestra como un dirigente conciliador, con una vocación puesta en el consenso y lejos de hacer de la chicana un recurso de demostración de poder, por lo menos en esta etapa.

Ahora retornemos a la primera frase, ¿Alberto qué es? A priori se lo podría caracterizar como “dialoguista”. Después habría que reflexionar si esa conclusión la realizamos por las características propias de Alberto o por comparación de la figura de Cristina. De eso se trata el análisis semiótico, de analizar los fenómenos discursivos como si fueran un eslabón más de una larga cadena de sentidos vinculados, Eliseo Verón la denominó “semiosis infinita”. Si lo situamos en el marco de la comunicación política, otros componentes como el ethos que construye el Alberto dialoguista y la cámara de eco, el efecto que produce en la audiencia, serán importantes. Como establece Verón, “partimos del producto para analizar procesos”. Este breve artículo busca darle su papel protagónico a una de las palabras preferidas del Presidente de la Nación, “el diálogo”, y trazar una línea de correlación en varias políticas públicas para intentar construir qué Estado piensa Alberto. Calma, ahí vamos.

El primer mandatario ha valorado el “diálogo” como un mecanismo fundamental para graficar su gobierno. No es extraño que se haya mencionado, en ediciones anteriores de #microdebates, un sutil manejo “a la uruguaya” para conducir este gobierno de coalición. Para desarrollar esta idea, voy a proponer tres modelos de diálogo, es decir, tres instancias discursivas que buscan posicionar el consenso como un valor central. No es casual que estas instancias puedan ser etapas en que el gobierno nacional ha evolucionado a lo largo de estos casi nueve meses.

El diálogo Intersectorial

Comenzamos en orden cronológico, para remitirnos a una política que por diversos motivos fue perdiendo centralidad en la agenda pública (y política): el Consejo contra el Hambre. Es que, a solo diez días de haber asumido, diversos medios celebraron la puesta en marcha de un ámbito tan nutrido con figuras, dirigentes y líderes de opinión de variadas extracciones.

Desde Martín Caparrós hasta Marcelo Tinelli, como destacó El Cronista, se pudo juntar a dirigentes sindicales como el “cachorro” Godoy de ATE, referentes por los derechos humanos como Estela de Carlotto, Agustín Salvia, Director del Observatorio Social de la UCA (productor de índices tantas veces consultados por los principales medios de comunicación), Narda Lepes y hasta la dirigente social de Cambiemos, Margarita Barrientos. El esquema interseccional no requiere más presentación, fue la primera gran estrategia del gobierno entrante a fin de presentar algo nuevo, “este plan no es el plan del gobierno ni de Alberto, es el plan de la Argentina”, señaló Alberto Fernández. Palabras más, palabras menos.

El diálogo Interpartidario

En un segundo nivel, y con la pandemia azotando suelo argentino, llegamos a una nueva estrategia implementada por el gobierno nacional. En este sentido, el anuncio de la, en ese caso, cuarentena obligatoria estuvo acompañada por una imagen con un fuerte capital político: Alberto Fernandez secundado por Horacio Rodriguez Larreta y Axel Kiciloff. Los medios se hicieron eco de esa postal y hasta fue caracterizada como “histórica” por lo que representaba el concepto de “Argentina Unida” y, sobre todo, “Te cuida el Estado”.

Las conferencias fueron adquiriendo este contenido de consenso ya que trazó una línea entre dirigentes en gestión/no gestión, con otra foto más federal, incorporando gobernadores opositores para buscar un “equilibrio político”. La estrategia interpartidaria sirvió de sustento para la batería de restricciones que padece la sociedad (y la economía) en lo que va del 2020.

El diálogo Interministerial

Aquí llegamos al anillo más pequeño, al núcleo duro del consenso que propone Alberto. En lo estrictamente comunicacional, la misma gestión se propone como diversa hacia adentro y lo busca expresar en distintos anuncios destacando su rasgo de “integrales”. El Programa de Fortalecimiento de Seguridad para el Gran Buenos Aires presentó estos componentes al ser presentado como una política que reunió diversos Ministerios (Seguridad, Obras Públicas, Justicia) y gobiernos (intendencias del GBA, Gobernación provincial y nacional) sobre un fin común.

Otra política presentada como integral es la conformación del Consejo de Coordinación de la Inclusión Financiera, que reúne a Ministros y Ministras de Economía, Desarrollo Social, Educación, Género, BCRA y AFIP, entre otros. En este caso, el foco está puesto en la “coordinación” como valor que remita al diálogo albertista.

Argentina Unida

Como se expresa en el desarrollo cronológico, el orden de cada nivel no es casual, el dialoguismo se ha ido erosionando desde la asunción de Alberto conforme han transcurrido sus primeros nueve meses de gobierno. Este fenómeno puede ser refutado por casos aislados pero la línea común apunta a eso, a volver al núcleo duro. Lo importante en todo esto es destacar el valor de la diversidad, no nos olvidemos que el Frente de Todos es una estructura de coalición muy amplia y que admite múltiples diferencias hacia adentro.

Así llegamos al debate sobre el Estado, ¿qué Estado propone el Alberto dialoguista? ¿Paternalista o uno participativo? ¿Es posible que convivan ambas visiones?

El Presidente se comunica de ambas formas, pero su propuesta es la de cambiar la óptica vigente. ¿El Estado volverá a reducirse a la figura del gobierno nacional o podrá romper con esa hegemonía discursiva y convocar a la clase política, económica y civil? ¿Te cuida el Estado o el Estado somos todxs?

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