¿Democracia del rebaño o fascismo encubierto?

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«Al convencer a todo el mundo de que sus opiniones valen lo mismo, al final nadie valdrá más que nadie.»

Por: Roberto Candelaresi

Hemos expresado en otros artículos, que la DEMOCRACIA es un sistema de vida al que siempre hay que vigorizarlo con mejores prácticas. No dar nada por sentado como perenne, o asumir que el modelo de sociedad en el que vivimos es el que más se adecua a la noción democrática. Todos debemos trabajar de ciudadanos, para garantizar los derechos “adquiridos” y vivir armónicamente, resolviendo los verdaderos conflictos de intereses mediante las herramientas de debate y consenso, así como emplear los recursos para participar de manera significativa en la gestión de los asuntos particulares. Todo ello, claro está, con medios de información libres e imparciales, para asegurar recibir información de buena fe, sin sesgos notables. Esto es, no controlados ni por el estado, ni por corporaciones monopólicas capaces de DESINFORMAR. Una condición de libertad [de opción] y de existencia democrática, no autoritaria o dirigida.

Pero en la actualidad, los medios de comunicación, ¿afectan la política?

Las ciencias de la comunicación nos enseñan que los Estados primitivamente, y luego asociados con los medios de comunicación masivos, hasta llegar a corporaciones que incluso, -oponiéndose a veces a gobiernos democráticos-, crean conciencia, desarrollan el “sentido común” de las comunidades, y, en definitiva, conducen a un cierto imaginario colectivo.

La propaganda política metódicamente usada, tiene registros que ya superan la centuria, y se ha verificado campañas exitosas, tal como inducir una sociedad pacífica y aislacionista, por ejemplo, a convertir sus anhelos colectivos a participar en una contienda bélica. Ese fue el caso de Woodrow Wilson, presidente de los EE.UU. [1913-21] que volcó la opinión popular hacia la guerra en la Primera Mundial. 

El mecanismo fue crear una comisión (Creel Commision) encargada de pergeñar la difusión masiva de la propaganda gubernamental, que no solo fue exitosa en este cometido de inducir a la sociedad a la “obligación moral” de participar del conflicto para “salvar al mundo”, sino que esas mismas herramientas, fueron utilizadas también exitosamente para generar “el Temor Rojo”, que se materializó como el primer periodo de fuerte anticomunismo en Estados Unidos [1917-20].

En ese lapso se condicionó la “Libertad De Prensa” (todo lo que difundiera la revolución socialista obrera), el Libre Pensamiento Político (se demonizó todo lo considerado radical; comunista, socialista o sindicalista), con lo que se sometieron o extinguieron, los sindicatos ya establecidos y se desestimuló la creación de “Uniones” de trabajadores. El PODER REAL, [v.gr. las finanzas, el mundo empresarial y grandes medios] apoyaron esta acción gubernamental para su propio provecho.

Como denuncia Noam Chomsky, los intelectuales progresistas participaron activamente en la campaña desinformativa, propalando falsas informaciones que aterrorizaban a la población y exacerbando por otra parte con sus opiniones y discursos, un fanatismo patriotero, con lo que lograron (o contribuyeron decididamente) a convencer a la población antes reticente.

El lector ya se habrá percatado que las técnicas empleadas en EE.UU. inspiraron a ciertos personajes del otro lado del Atlántico, que las perfeccionaron para subyugar a las masas. A partir de Hitler / Goebbels, [ministro para la Ilustración Pública y Propaganda] muchos otros Estados/Gobiernos aplicaron las lecciones posteriormente.

Adolf Hitler junto a Joseph Goebbels

Walter Lippmann, intelectual liberal de Harvard y analista político de gran prestigio –además de columnista furibundamente anticomunista –muy allegado a las élites norteamericanas, y del que resume su ideología en la frase …  «La política no puede depender de los cambios de la pasión popular», asistió con su gran influencia a los designios de los sucesivos gobiernos americanos para “moldear” a la opinión pública. 

Su convicción (teoría) era que los intereses comunes son solo comprendidos por una reducida clase inteligente y resolver los problemas. Esa élite (la comunidad intelectual de Dewey), sabe lo que conviene a todos, pues estos asuntos escapan a la gente en general. 

Aquello se parece a la vanguardia de intelectuales revolucionarios y populares leninistas: Esclarecer a las masas estúpidas y actuar por ellas (ya que no comprenden por sí mismas). DEMOCRACIA DEL ESPECTÁCULO para las mayorías [rebaño desconcertado dirá], ya que no participantes “Activos”. Eso sí, se trata de una democracia, y no un Estado Totalitario, ya que cada tanto pueden elegir, a los que llevarán los liderazgos o responsabilidades.

De esta concepción – que predomina en los establishments – surge naturalmente que el poder real es el que selecciona los miembros del grupo ejecutivo. Solo aquellos que demuestren lealtad y capacidad para absorber creencias y doctrinas en las instancias de ‘formación’ [sistemas educativos, medios de difusión y “cultura popular”], que representen los intereses y valores de la clase dominante, y, –lo más importante– capaces de forjar consensos, serán asistidos financieramente para candidatearse a alguna posición de autoridad [puesto de decisiones]. 

Al resto – la gran mayoría –, debe asegurársele distracción y atención en trivialidades.

“El Espectaculo Infinito de la Pavada”. José Pablo Feinman en su programa Filosofía Aquí y Ahora, Canal Encuentro.

Para reforzar filosóficamente aquel pensamiento, hay quienes, como el politólogo Reinhold Niebuhr, (principal teórico junto a Morgenthau del realismo político estadounidense) sostienen que la RACIONALIDAD es una técnica o habilidad, al alcance de muy pocos: mientras que la mayoría de la gente se guía por las Emociones y los Impulsos. Como es imaginable, de esto se sigue que los capaces de la lógica tienen que simplificar la realidad y transmitirla “emotivamente” al pueblo, para “guiarlos”. 

Harold Lasswell, otro politólogo encumbrado, decía en las primeras décadas del siglo XX, que no había que someterse a algunos «dogmas democráticos», como que los individuos son los mejores jueces de los intereses y asuntos públicos [Un principio democrático liberal, si los hay]. Por lo que es necesaria la inducción por parte de los ‘sapientes’ (mediante la propaganda sobre esos temas), al rebaño desconcertado. Este principio es fundante de la ciencia política conductista occidental.

Una herramienta que surgió de las corporaciones del mercado para “controlar a la opinión pública” fue la industria de las Relaciones Públicas. Tal subordinación de la gente consiguió el mundo empresarial, que motivó interés y preocupación del Congreso de los Estados Unidos que, en la década del ’30, investigó el fenómeno en algunas campañas y sus efectos en la población. 

Concretamente, el origen es el siguiente; la elite corporativa observó con gran preocupación la organización de la sociedad en materia de trabajadores unidos, refrendada por la libertad de sindicalizarse (Ley Wagner), y desde esa batalla legislativa ganada por el sector laboral, aplicaron toda su potencia de relaciones públicas (prensa y lobbies) por medio de influyentes Cámaras Empresariales, para contrarrestar lo que consideraron desviaciones democráticas, e impedir el ’despertar’ de muchos.

Desde temprano, el empresariado puso en práctica una TÉCNICA que resultó exitosa y que sigue empleándose con eficacia, normalmente operada por la derecha. Consiste en enfrentar distintos sectores sociales a aquellos que movilizan y protestan. Es conocida como la fórmula Mohawk Valley para quebrar protestas. 

Noam Chomsky explica como funciona la manipulación – Formula Mohawck Valley

Se estigmatiza a los huelguistas –por ejemplo– presentándolos como ociosos, perjudiciales para el conjunto, etc., a todo esto, el mensaje sigue convenciendo a la gente ordinaria no involucrada directamente en el conflicto, de que todos los que no se quejan, comparten los mismos intereses que el empresariado, o aquel factor dominante con que confronten los disidentes. La falta de armonía, el ruido en las calles, los bloqueos, etc. TODOS somos los afectados, obviando la justicia de los motivos / causas de tales protestas.

Los Medios de Información siempre fueron concurrentes con el discurso financiero-empresarial por estar bajo control de las corporaciones o por ser una de ellas, para desprestigiar las huelgas y a los sindicatos, simplemente usando conceptos vacíos de contenido (no nos dejan trabajar, no podemos producir, “rompen la paz social”, etc.), puros slogans para movilizar a la opinión pública a favor del poder. Estamos hablando de crear un eslogan que no se pueda objetar, al contrario, que todo el mundo esté a favor, por no quedar como un necio [contradecir el “sentido común”].

La idea entonces, es inculcar valores que lleven a DESORGANIZAR a la sociedad civil general. DESMOTIVAR otra cosa que no sea consumir cada vez más. Los medios están para distraernos, haciendo su trabajo para los “dueños”.

Los temores insuflados desde los medios [los delitos, la posibilidad de una debacle, la naturaleza perdida, la guerra inminente, etc.], no permiten pensar por sí mismos, o reflexionar sobre los sentidos de las cosas. Por ello, las series, la TV, las películas de acción, los deportes masivos, son distracciones eficaces que marginan a los individuos.

En 2009 HULU lanzó una polémica campaña que tiene como protagonista al actor Alec Baldwin

Todo puede empeorar (desde la perspectiva democrática) si el sistema imperante de partidos los homogeniza, si, tal como ocurre en la primera potencia mundial, las propuestas de los partidos dominantes no difieren sino en superficialidades, si además la prensa mayoritariamente expresa los mismos puntos de vista, la gente pierde interés en la política. Se desmoviliza por no tener un horizonte atractivo.

No obstante, el rebaño desconcertado nunca acaba de estar debidamente domesticado: es una batalla permanente. La opinión con el influjo de las redes, va cambiando algo, pero ni bien surge una masa crítica de disidentes, el poder trata de obligar a la población a que retroceda y vuelva a la apatía, la obediencia y la pasividad, (su estado natural para esta concepción de la democracia elitista). Por ello, se hacen grandes esfuerzos para evitar estas crisis de la democracia, que pueden conducir a un CAMBIO POLÍTICO.

En la potencia del norte, hacia 1970 se dio un fenómeno social llamado síndrome de Vietnam. Se lo describió como las inhibiciones enfermizas respecto al uso de la fuerza militar (N. Podhoretz), siendo en realidad la generalizada sensación de incomprensión en el pueblo americano sobre las aventuras bélicas de su país en todo el mundo, que no respetaban derechos humanitarios ni soberanías. Pero con el tiempo y el trabajo propagandístico de infundir respeto hacia lo marcial y sus valores, se logró vencer al síndrome en gran parte de la población, que ahora acepta la utilización de la violencia por todo el mundo, en pos de cándidos fines, y no los objetivos reales de tales aventuras fructíferas para las élites. El armamentismo y la violencia irracional [masacres, alto índice de criminalidad], hoy la padecen en el propio seno doméstico, sin embargo.

Pero se trata de convencer a grandes mayorías de una sociedad compleja –que incluye a veteranos y movimientos pacifistas –, para que consienta el despliegue de poder en otras latitudes en nombre de la “nobleza” y la “corrección”. Para ello, se recurre a la falsificación de la historia. Siempre hay justificación cuando se trata de ‘defenderse’ uno mismo o a un ‘amigo’ de agresiones – reales o potenciales – de otros «monstruos».

Para que tales imágenes sean exitosas y continuar con políticas de fuerza, se debe controlar a los medios masivos (o aliarse a estos), usar el sistema educativo inductor y contar con un número importante de intelectuales conformistas. Los cuadros que se le presentan a la gente, no tienen visos siquiera de realidad. Todas distorsiones, ni son verdaderas las cuantificaciones (costos, víctimas, etc.), es decir; una prominencia de ficciones.

Para que tales imágenes sean exitosas y continuar con políticas de fuerza, se debe controlar a los medios masivos (o aliarse a estos), usar el sistema educativo inductor y contar con un número importante de intelectuales conformistas.

R. Candelaresi

Lo interesante (y preocupante entendemos) es que todo se logra en un marco de libertad, o sea, NO en un Estado Autoritario, incluso se disuaden las amenazas democráticas de la propia sociedad, y esas maniobras gubernamentales son exitosas, todo lo cual amerita reflexionar sobre el tipo de sociedad democrática capitalista actual.

Naturalmente siempre existe – y afortunadamente en expansión, a juzgar por el crecimiento de movimientos reivindicativos de minorías, o derechos humanos en general de los últimos años – UNA CONTRACULTURA O CULTURA DISIDENTE, que, alternativamente hace escuchar sus posiciones e impactan en parte de la sociedad. Una forma de combatir el control del pensamiento y ‘fabricar consensos’. Hay un cierto escepticismo sobre el poder real, pero que es un despertar.

A propósito del poder real, los movimientos populares reivindicativos, son vistos con preocupación, pues si se ORGANIZAN pueden alzar su voz y “desajustar” el sentido común fabricado.

Concentración Mediatica, un problema para nuestra democracia

En ese caso la derecha, que no se aboca a dar solución a los reales problemas socioeconómicos – que usualmente agrava o provoca –,se pone a fabricar enemigos, como distracción, que llamen la atención de y asusten a la población en general. Hitler lo hizo con judíos y gitanos. Para las potencias occidentales se empezó a utilizar a los terroristas internacionales, a los narcotraficantes, a los caudillos árabes “delirantes”, a los dirigentes chinos autoritarios o al “agresivo invasor” Putin, como lobos feroces y así, luego de una ofensiva ideológica, recibir apoyo a cualquier iniciativa del poder con el propósito de contener o, aniquilarlos.

Tantas campañas agresoras de las potencias atlánticas, sin mayores cuestionamientos por parte de la OPINIÓN PÚBLICA de aquellos países, habla del éxito del sistema de propaganda aplicado. Incluso por la censura sobre la realidad internacional, o la información sesgada que se propala acerca de ciertas situaciones en el mundo. Los problemas filtrados por la prensa en general son siempre SELECTIVOS.

HAZ LO QUE TE DIGO, MAS NO LO QUE YO HAGO, y todo según la conveniencia del momento. Parecería sintetizar el éxito de la propaganda. Se escuchan algunos actores y no a otros. Pero la sociedad, si no advierte esto, es porque la mayoría está “adoctrinada” para ver siempre cierta porción de la realidad. 

Aprovechando eso, para algunos [adversarios] hay agresión, con otros [aliados] -por la misma causa- habrá diplomacia discreta. No hay real fidelidad a los principios que se invocan para justificar ninguna campaña de acción, y, por lo mismo, tampoco se invocan razones de peso ante la ciudadanía ni se explica por qué no se aceptan alternativas de soluciones pacíficas [diplomáticas], y ello señores, es un sello característico de una CULTURA TOTALITARIA [DICTATORIAL]. O al menos, que la fabricación del consenso, sí funciona.

CONCLUYENDO

Algunos factores que facilitan el advenimiento de estas derechas, incluso en sus versiones más extremas, pueden ser una educación deficiente en Memoria o también en la misma Historia, la gente no conoce su pasado, ni se interesa por él, las generaciones jóvenes en el mejor de los casos se quedan con los “recuerdos” familiares para tener una opinión u otra en lo político. Hay en ese caso hasta una guerra de memorias según las familias, por ejemplo, en Argentina, en torno a la última dictadura cívico-militar. A su vez, el desinterés por contrastar la información, ha generado, que la ultraderecha haya crecido (en el mundo también). 

Por supuesto la cuestión, trasciende largamente el tema de la manipulación informativa. La verdadera dimensión trata con los totalitarismos autoimpuestos que la derecha promueve siempre que llega al poder. Y el sometimiento a la repetición de ciertos eslóganes en la población deja surcos. Lemas que no son combatidos analíticamente por toda la intelligentzia del país, por lo que arraigan con cierta facilidad en masas, y eso nos conduce a la conducta generalizada del rebaño, de la que no es sencillo despertar.

Vemos con preocupación cuando en el país hay CIERTOS DISCURSOS (Mesa de Enlace solo como ejemplo), que articulan la tradición procedente de algún pasado, interpretaciones “nacionalistas”, cierta visión mística del orden, función del Estado y programa económico “clásico” [ortodoxo conservador]. Invocando una cierta ética (antiprogresista) enfatizan la construcción figurada del “orden”. Todo esto pertenece a una AGENDA FASCISTA.

No nos equivoquemos, debemos elevar la guardia si queremos salvar nuestra democracia como en que el sistema de gobierno está fundado en la discrepancia y las opiniones distintas y variadas, el fascismo, ha tenido que adaptarse y despliega sus estrategias, como hemos descripto en el presente trabajo, extractando algunas ideas del maestro Noam Chomsky, a las que combinamos con nuestras observaciones. 

El fascismo hoy [equivalente a la ultra derecha] no impide la opinión como antaño, todo lo contrario, estimula a todos a brindarlas acerca de todo y si es posible, de todos a la vez. De allí que los estímulos surjan hoy mas que de la TV o radio, de las redes sociales, donde todo se comenta y comparte. El peligro es que cuando TODOS lo hacen, las opiniones devienen en indistintas, en definitiva, irrelevantes.

Si todo el mundo está convencido de que sus opiniones valen lo mismo (absolutamente verificable), nadie o ninguna valdrá más que otras, e ideas y personas serán intercambiables. Se mina todo principio de jerarquía entre las opiniones, para que no se pueda distinguir entre lo verdadero y lo falso en función de quien lo afirma. Para conseguirlo, desacreditan a las figuras públicas que poseen una autoridad moral o científica, es decir, a los que POSEEN EL CONOCIMIENTO.

Las características de las redes sociales le dan un gran potencial para la difusión del fascismo: comunicarse directamente con los ciudadanos sin pasar por los mediadores sociales disidentes, analíticos, esclarecidos. Los mensajes SIN VERDAD así pueden llegar sin filtros con textos breves, claros y memorizables. Los propios seguidores ultras difunden esos mensajes: un perfecto caldo de cultivo para los intolerantes. 

Como colofón decimos que el futuro merece personas preparadas y que tengan capacidades para razonar y decidir. Para eso se debe ser consciente de todas estas trampas de la democracia jaqueada. Solo la militancia comprometida (intelectual, funcional o callejera), es decir, con una doctrina verdaderamente participativa e inclusiva, es el mejor antídoto contra ellas.

Agosto de 2022

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