Pandemia y Guerra: ¿Cómo sigue ahora la globalización?

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Por: Roberto Candelaresi

Introducción

Pensando en la globalización, la cantidad de bienes y servicios, o el volumen de capitales ya se habían desplomado como efecto de la pandemia. También el grado de influencia de los organismos ‘rectores’ (OMC, FMI, BM) de ese fenómeno de creciente interconexión mundial, caen respecto de las políticas nacionales. El problema sanitario – que no se resolvió del todo – hizo que la lógica de la política nacional se impusiera a la lógica de los mercados globales.

Estas tendencias des-globalizadoras, profundizadas por el conflicto bélico europeo, han reforzado su condición de no temporales, pues antes de ambas desdichas, ya estaban actuando. Ya habían llegado a límites social y políticamente tolerables para las democracias –al menos en los países centrales–, el Brexit o el ‘fenómeno’ del populismo conservador norteamericano [Trump] fueron señales, tal vez como “excesos” de hiperglobalización financiera y comercial.

Por otro lado, quedo claro frente a las sociedades del mundo, que los gobiernos deben acentuar su atención en la salud pública y la preservación ambiental (cambio climático y depredación de recursos finitos) para contribuir y ampliar el bienestar, pero también, y a la luz de la experiencia bélica, caminar hacia las soberanías alimenticia y energética como mínimo, para asegurar al mismo propósito.

CRISIS como bisagras de globalización

¿Qué factores además de una pandemia y una guerra europea (potencial expansión a otras potencias, y el riesgo a la seguridad humana que deviene), pueden producir un cambio en la globalización?

Estas crisis son útiles para detenerse y revisar trayectorias del pasado para proyectar un mejor futuro. Así pasó en la Gran Depresión de los ’30 y en la crisis del petróleo de los ’70 [una y otra; graves para las economías]. En ambas, las democracias rectificaron el rumbo político económico, generando nuevos contratos sociales internos y reformando reglas de la economía internacional.

Crisis del 30′ – una de las primeras bisagras del mundo globalizado

En el periodo previo y durante la Segunda Guerra Mundial, se constituyeron los estados interventores (New Deal en EE.UU. y Estados Benefactores europeos), e inmediatamente en posguerra, prosperan en Latinoamérica gobiernos nacionales y populares como el Peronismo en Argentina, el Varguismo en Brasil, el Partido de Acción Revolucionaria, de Jacobo Árbenz en Guatemala, etc., incluyentes y expansores de servicios públicos y beneficios sociales.  

La globalización en ese entonces, tuvo un equilibrio eficaz entre los vínculos comerciales y las políticas nacionales. El crecimiento se dio en distintos grados y el bienestar mejoró en rasgos generales. A diferencia de los países centrales, en nuestra región, la extracción de recursos naturales mediante capitales foráneos –que así amalgamaron riquezas fuera de nuestras fronteras– y, una asistencia financiera no siempre conveniente (las tasas siempre más altas y sin periodos de gracia como para la reconstrucción de Europa y Japón), previno de alcanzar los estándares de los ciudadanos del “Primer Mundo”. Pero en general, se expandieron las clases medias junto a nuevas democracias populares. Las inversiones internacionales siempre hacia el ascenso. Entre mediados de los ’40 y de los ’70, fue la época conocida como los treinta gloriosos del capitalismo.

El desequilibrio se produjo con la ya mentada crisis energética, desde la cual, prevalecieron las vinculaciones globalizantes, fundadas ya en el neoliberalismo, dejando atrás el keynesianismo del periodo del capitalismo memorable. A ello le siguió el giro político de los gobiernos hacia un conservadurismo radical (Reagan / Thatcher y sus corifeos). 

Crisis del petroleo en 1973

La globalización ya cambió también hacia una integración económica y financiera global profunda, reduciendo el margen de maniobra de las políticas nacionales de estabilización, de cohesión y las desarrollistas industriales. En 1994 se creó la OMC con ese fin.

La narrativa identificaba “modernidad” con la aceptación de la libertad absoluta del movimiento de capitales, incluyendo los distorsionadores de corto plazo [especulativos]. Un dato curioso: este relato fue impulsado por las élites francesas (dirigían la UE, OMC y el FMI), no por las norteamericanas, en una primera instancia. 

Como se advierte, la hiperglobalización ‘moderna’ no fue como se sostiene en ciertos discursos un resultado determinístico, [sea por los avances tecnológicos, del transporte (contenedor), de comunicaciones satelitales, etc.], sino una opción política influida por poderosos actores económicos y financieros, al abrigo de unas ideas económicas que crearon una narrativa favorable.

Tendencias y Factores

El interrogante es, si con el ‘aprendizaje’ por estos últimos acontecimientos [pandemia y guerra], desde una globalización comercial y financiera relevante, se gire hacia otros factores como la salud pública global o el cuidado del medio ambiente, que son los verdaderos bienes públicos.

Por de pronto, los estados se reequilibraron con los mercados, incluso para defenderse de las consecuencias de la actual guerra. La lógica política se impone a la de los mercados. Similarmente, las políticas nacionales pueden imponerse a intereses transnacionales, pero con una nueva modalidad, ya que los gobiernos locales tomarán más protagonismo (atendiendo la inmediatez de las demandas populares).

La Pandemia por Covid-19 puso en primer plano nuevamente a los Estados Nacionales

La próxima etapa histórica será determinada por la rivalidad geopolítica entre potencias, básicamente la pugna imperial entre China y EE.UU. y contra Rusia con la asistencia de la OTAN. El liderazgo mundial tiene que ver con la percepción de superioridad que se consolide, pero todo parece dirigirse a la multilateralidad, antes que cambio de hegemonía. En un acápite especial, más abajo desarrollamos este punto en profundidad.

Aquella batalla, a nivel ideológico se dará con más énfasis, pues es entre dos sistemas en competencia: 

a). – el estado-céntrico de tinte autoritario chino, y 

b). – el modelo liberal occidental. 

La cuestión que dirima la superioridad entre uno y otro, se basará en la expectativa de las sociedades en torno al que garantice crecimiento y progreso social, que cada cual logre concitar.

Como sea, la globalización de datos actual, representa tanto una amenaza a la seguridad, como oportunidad para trabajar mancomunadamente dentro la ciencia y el conocimiento, el intercambio de resultados o la directa cooperación en investigaciones científicas para objetos de interés general, para todo lo cual, se debe consensuar reglas y normas en convenios especiales. Los esfuerzos y los avances que se hagan en un país benefician a todos. Por ello, los llamamos bienes públicos globales.

Conflicto en Ucrania

Sumando a la serie de acontecimientos traumáticos en lo que va del siglo (crisis financiera de 2008, guerras comerciales sino-americana, y pandemia) se agrega – como ya referimos – el conflicto bélico en Ucrania, con todas sus secuelas de penalidades económicas contra Rusia y las represalias de ésta para con los hostiles a su invasión, golpean a la economía mundial y ponen a prueba la actual etapa de la globalización.

Conflicto Bélico en Ucrania produjo un fuerte impacto en los mercados mundiales

Siendo principales productores energéticos y cerealeros, los contendientes limitan severamente sus ofertas, con lo que los precios alimenticios y de la energía suben enérgicamente (inflación), y, por tanto, afectan (reducen) al crecimiento económico global [así lo estima la OMC]. Incluso, en un marco de problemas preexistentes en las cadenas de suministro, con el conflicto escalando, se puede desatar una “crisis alimentaria”. A ello debe considerarse que especialmente Rusia, es un gran productor de recursos “sensibles” tales como fertilizantes, níquel y paladio, que también sufren restricciones logísticas y comerciales e impactan en el agro y en la fabricación de productos tecnológicos también de otros países consumidores.

Los impactos sociales y políticos de esos aumentos de precio, y del agravamiento de los problemas logísticos (de flujo) de energía y alimentos, ya se pueden observar en distintas regiones del mundo. Lo paradójico es que estas últimas son básicamente consecuencias de las sanciones impuestas a Rusia, de inéditas características y alcance.

A propósito de las medidas norteamericanas –que sus adláteres europeos copian–, especialmente aquellas que violan la inveterada «intangibilidad» de los capitales y depósitos bancarios, produce una desconfianza en terceros, que pueden socavar la inversión y el comercio en y con Occidente, lo que implica un retroceso de la interdependencia internacional [es inflexión en la globalización].

Por otra parte, Rusia, para mitigar los obstáculos de las sanciones, abre canales por la vía oriental (China, India y Asia central) que, de prosperar, pavimentan el camino al nuevo orden multipolar

Narendra Modi, Xi Jinping y Vladímir Putin

La «SEGURIDAD» estremecida.

El mundo desde el cese de la “Guerra Fría”, aceleró el proceso de conexión de sus economías y sus comunicaciones, las nuevas plataformas tecnológicas facilitaron por su inmediatez, los contactos e intercambios, generando así esta etapa fuerte de la globalización, que justo es señalar, reconoce antecedentes históricos, de donde se extraen conocimientos que permiten que cada etapa sea más profunda en intercambios que la anterior. La seguridad –que debe proveer un marco general pacífico para desarrollar negocios– en ese periodo corría por la “Pax Americana”, impuesta desde la (en ese momento) indisputable hegemonía de los Estados Unidos inmediatamente posterior a la implosión de la URSS y que se prolongó hasta el primer decenio del siglo en curso. 

Desde la crisis financiera de 2008, algunas políticas industriales y comerciales cambiaron, formando cadenas productivas regionales, y, la clara emergencia de China como superpotencia económica, y poder militar prevalente en Asia. La seguridad (en términos de estabilidad y garantía de protección de inversiones y procesos productivos), volvió al primer plano.

Por de pronto, con la experiencia de la guerra ruso-ucrania, la vulnerabilidad energética de muchos grandes países quedó en evidencia. Es imperativo diversificar las fuentes de energía y los proveedores, y así también, en otros rubros estratégicos, como en medicina, alimentos, recursos naturales, etc.

Energía: Buena parte de Europa depende del abastecimiento de ruso

También ha de considerarse la “militarización de las finanzas” de Estados Unidos y la UE, congelando fondos de reserva soberanos y bloqueando a ciertos bancos rusos, e incorporando a la órbita económica y financiera como un campo de batalla, para dañar al enemigo (no declarado). Irán ya tiene cierta experiencia en el tema. “Estas sanciones económicas son un nuevo tipo de política económica con el poder de infligir daños que rivalizan con el poderío militar” [Joe Biden en Polonia].

Uno de los actores más afectados, además de los Estados, son (serán) las multinacionales, pues les altera presupuestos, pierden interconectividad, afectan procesos productivos dislocados, obstaculizan flujos de dinero, ponen en riesgo sus inversiones, pierden organismos arbitrales para eventuales conflictos, y desaprovechan mercados de consumo importantes.

Otro ámbito perdidoso, es el comercio marítimo, ya contraído por la pandemia, y empeorado por el conflicto armado [puertos bloqueados, riesgo de navegación, cargas perdidas, boicots a las cargas, etc.]. Los fletes ferroviarios euroasiáticos han sido suspendidos [las vías troncales que provienen de extremo oriente, pasan por Rusia y por Ucrania y llegan a Europa central], por lo que las cargas ahora se derivan a rutas marítimas que se congestionan por los bloqueos y cuellos de botella, en aquellos puertos que son aún operables [con congestión y retrasos].

Los bienes que desde hace tiempo eran más asequibles, en tanto producidos en mercados laborales más baratos como los asiáticos, suben ahora por los fletes más caros [combustibles y rutas alargadas].

Las naciones y las empresas deberán reevaluar sus dependencias, y las cadenas de suministros para su demanda. Seguramente la regionalización de las cadenas de valor, la producción en proximidad, la diversificación de proveedores, etc., fomente la cohesión de los mercados comunes como el MERCOSUR en nuestra región, ampliando al subcontinente latinoamericano, tal las conversaciones entre los gobiernos mejicano y argentino. 

Multinacionales, afectadas por los cambios en el comercio mundial

La seguridad del abastecimiento y de contar con stocks de reserva, cambian de plano, la logística construida en las últimas décadas, como para trabajar eficientemente (con menores costos financieros) al no stockear, y producir “just in time”, es decir; “con lo mínimo necesario” de insumos en almacenes para producir al día, sin reservas (que hasta ahora se consideró una inmovilización de capital o desaprovechamiento financiero). 

Todo esto debe ser repensado, para diseñar un nuevo tipo de globalización, quizá, por bloques, más fragmentadas materialmente, aunque persistirán normas generales, fluida intercomunicación y transportes multimodales de intercambio entre todo el orbe.

GEOPOLÍTICA

Sin perjuicio de la resolución del trance ruso/europeo, es indudable que el escenario resultante será bipolar, por lo menos. El riesgo geopolítico será protagonista. Por tanto, los gastos militares y en defensa aumentarán considerablemente. También las inversiones en alternativas energéticas (creo que esta vez, la consideración y acciones serán “serias”). 

Tal como anunciamos en «Tendencias y Factores», mientras Estados Unidos se acerque a la “Trampa de Tucídides” [inexorable tensión causada por el rápido cambio en el balance del poder entre dos potencias rivales] con China, la potencia americana no dejará de recomendar a todos sus aliados y países dentro de su “Zona de influencia”, alejarse de las potencias orientales (incluyendo a Rusia) por lo pernicioso de su influjo. La hipótesis del asalto a Taiwán desde China continental para reincorporarlo al territorio, estará blandiéndose siempre a la palestra para ‘sensibilizar’ a los pueblos, respecto de la desconfianza que los países periféricos como el nuestro deben profesar al traicionero peligro rojo.

China y Estados Unidos – Principales potencias económicas disputando poder

También muchos autores proponen el afianzamiento de lo que ya se conoce como un mundo glocal, es decir, una globalización adaptada por patrones locales. Ello sumado a la crisis de deudas soberanas (pero intervenidas por FMI), reconfigurará seguramente la economía mundial. Otro modelo posible. 

Como sea, la globalización está cambiando ya a un nuevo tipo. Los bienes intangibles, como servicios digitales, I+D, datos compartidos, etc. [servicios], es un proceso largamente en marcha, que se desenganchó del comercio mercantil [bienes] tradicional y ha crecido más que éste. De hecho, nuestro país, es uno de los más favorecidos dentro de los de renta media-alta. Dos factores atractivos contribuyen a ello; alta creatividad + bajos costos laborales en la industria del software, por ejemplo.

CONCLUSIONES TEÓRICAS

El problema distributivo salió a la luz, hay urgencia en la consciencia de las mayorías de corregir la desigualdad. El principio del desbordamiento [Joan Robinson], debe emplearse para un nuevo equilibrio, el mismo predica que las políticas nacionales (fiscales, sociales e industriales) son legítimas mientras sus efectos no desborden las fronteras nacionales provocando el empobrecimiento de los vecinos. Prohibirse la manipulación del tipo de cambio o los paraísos fiscales son ejemplos.

Nunca debe argumentarse la globalización para obstaculizar políticas nacionales de estabilización, productivas, etc. La premisa debe ser recuperar la soberanía industrial y tecnológica y la seguridad económica de los países de la región.

Reiteramos nuestra convicción de que la hiperglobalización fue una elección política, y no un resultado inevitable de fuerzas económicas y tecnológicas, por ello entendemos que se puede construir una nueva globalización que cambie los acentos.

CONCLUSIONES OPERATIVAS

En definitiva, la globalización como fenómeno cambiará conforme nuestra tesis, pero no desaparecerá, en todo caso, para no perder las ventajas de la conexión mundial y el intercambio, habrá de adoptarse una estrategia bien pragmática, centrada en defender los intereses locales “des globalizando” parcialmente si es necesario, pero evitando alteraciones bruscas a los vínculos, el proceso debe ser gradual y ordenado. 

Para lograr un proceso sustentable e inclusivo, deben convocarse a todos los actores económicos, culturales y sociales, para elaborar en conjunto el diseño y la implementación. 

Finalmente, las tendencias nunca son deterministas, por tanto, no pueden ser predictivas. Las sociedades en nuestra visión, también evolucionan conforme a la teoría del caos, por lo que las alteraciones a las derivas de las corrientes civilizatorias, son la regla ante que la excepción. El marco general siempre estará -además- condicionado por: 

  • el clima de época [Zeitgest], o sea; la atmósfera intelectual y cultural de una determinada era, resumida en un conjunto de valores éticos y estéticos de la sociedad en ese periodo histórico.
  • la generación de diversos principios organizativos inéditos para la nueva globalización y
  • la movilización de grupos sociales que enfrenten los intereses corporativos de la hiperglobalización económica, para imponer el nuevo diseño.

La incógnita está próxima (a no más de un par de años) a develarse, esperemos que el futuro nos depare una globalización del equilibrio, y de bonanza para toda la Humanidad.

Mayo de 2022

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