La única experiencia libertaria real de EE.UU

Por: Roberto Candelaresi

Introducción

En el noroeste de los Estados Unidos, al borde de Canadá, en la región tradicional de Nueva Inglaterra, se encuentra el Estado de New Hampshire. Se trata de un estado con muy pocas regulaciones comparativamente con sus vecinos, y con pocas tasas e impuestos. Incluso el IVA no se tributa en ese territorio. 

En 2004, un par de centenas de libertarios, se instaló en un pueblo de 1000 habitantes llamado Grafton, tras un proyecto de generar una “Ciudad Libre”, una sociedad absolutamente libre de impuestos y de regulaciones estatales.

De un enfrentamiento inicial con los pobladores originales, por sus pretensiones de liberalizar absolutamente todo, incluyendo el consumo y tráfico de drogas, la libre portación de armas, la disponibilidad mercantil de órganos humanos, la desnudez y circulación pública, y otras aberraciones [para la moral prevalente], fueron avanzando en la inserción de las instituciones y autoridades del pueblo, y, logrando ciertos consensos, consiguieron algunas prerrogativas, como rebajar impuestos al mínimo.

Tanto ajuste presupuestario derivó en la pérdida de servicios esenciales, que pretendieron suplirlos con asistencia de la ciudadanía misma, como la seguridad, el sistema de combate de incendios, etc.

La expresión “laissez faire, laissez passer”, fue aplicada tan decididamente, que hasta su alcance amparó la salvaje conducta de osos de la región, que se fueron acostumbrando a merodear por el ejido urbano, dado que muchos de sus nuevos habitantes les ofrecían la oportunidad de comer sus sobras en sus vecindarios, lo que derivó en ataques a mascotas e incluso, los ursos enfrentaron a seres humanos en al menos dos ocasiones. Todo ello en el marco de la inexistencia de regulaciones, o incluso por la voluntad de hacer caso omiso a ciertas restricciones estatales para el trato de animales silvestres, por parte de los libertarios.

Se registraron los primeros homicidios, hubo un aumento del narcotráfico, y hasta se instaló un laboratorio de metanfetaminas. La experiencia duró hasta el 2016. Ya en ese entonces, la falta de servicios públicos sólidos (debido al desfinanciamiento inducido) tornó la vida en el poblado muy difícil y poco atractiva. Es en aquel año que los libertarios que se habían radicado en el lugar, comenzaron un éxodo hacia sitios que seguramente le ofrecieran mejores condiciones de vida, donde las comunidades organizadas resolvían en colectivo, las cuestiones comunes.

Una acabada crónica sobre esa experiencia “anarco-libertaria”, se la puede encontrar en un libro intitulado «Un libertario se encuentra con un oso» [ A Libertarian Walks into a Bear], producto de una investigación de su autor, el periodista y escritor Matthew Hongoltz- Hetling.

Nosotros, le daremos una lectura crítica a esa práctica libertaria, que, aunque mundialmente inédita hasta comienzos de este siglo, se asemeja a ciertos proyectos muy actuales de la política vernácula, tratando de elaborar algunas observaciones y conclusiones. Veamos.

Un experimento político sin precedentes ¿El gran fiasco?

La idea declarada de los libertarios ‘pioneros’ – que pusieron en práctica–, fue (pretender) probar que la intervención gubernamental es opresiva y produce pobreza; mientras que si se deja a la sociedad actuar por su cuenta prospera y es capaz de autorregularse. Para ello, lograron reducir regulaciones e impuestos.

El exceso de la aplicación de tal liberalización y dejar hacer, con los años (pocos, en realidad) demostró un drástico deterioro en los servicios públicos, el aumento de la violencia criminal y un desmanejo con los animales de la región circundante, con directo perjuicio a los residentes del pueblo “copado” por los anarcos liberales.

La Comunidad Utópica que fundaron esos cientos de personas para demostrar la factibilidad del libertarismo como experimento único, se organizó bajo lo que llamaron el Free Town Project (Proyecto del Pueblo Libre).

Conociendo un Libertario y sus ideas

Tengamos presente que el libertarismo es una corriente político-filosófica que coloca “la libertad individual como el valor político supremo”, y considera que cada persona tiene derecho a vivir su vida y a hacer con su cuerpo y con sus propiedades lo que considere pertinente, siempre que no interfiera con los derechos de otros a hacer lo mismo.

Para el liberalismo clásico el Estado debe ser mínimo; es decir, acepta que el Estado exista, pero sólo como vigilante de la actividad productiva y regulador mínimo. Sin embargo, para los anarcocapitalistas, quienes son los libertarios más puros y radicales, esto es opresión. Para los anarcocapitalistas el Estado es el enemigo y hay que liquidarlo.

El libertarismo arraigó desde la fundación como país libre de Estados Unidos. Thomas Jefferson, uno de los padres de la Independencia y 3er presidente de la Unión, legó la famosa expresión «El mejor gobierno es aquel que gobierna menos». En la actualidad, hay dirigentes y todo un sector del Partido Republicano que adhieren a sus postulados.

El pueblo elegido para llevar a cabo la experiencia, lo fue en base a algunas condiciones, no fue un producto azaroso. En efecto, GRAFTON era el pago de un libertario que se postuló a la gobernación del estado (John Barbiarz), una localidad pequeña con baja demografía, lo que le permitió a los “inmigrantes” libertarios, formar un número de votantes adecuado para influir en ordenanzas e impuestos. 

Otra característica del pueblo que lo hizo ‘elegible’, es que contaba con una historia de rebeldía contra la autoridad. Al punto de que, ya a finales del siglo XVIII, votó –por cuestiones fiscales – separarse de la recién constituida Unión. Asimismo, muchos habitantes ejercían una desobediencia fiscal, al negarse a tributar gravámenes estatales o federales.

Enfocándonos en los mudados libertarios del experimento, obtenemos de la investigación de Hongoltz-Hetling algunos datos sociológicamente interesantes; tal como que eran mayoritariamente hombres blancos, solteros y partidarios de la posesión de armas de fuego. Su perfil económico era variado. De los nuevos vecinos, algunos eran desposeídos [por lo que nada los retenía en los lugares de origen] y se acomodaron en carpas o en campers, y otros eran de altos ingresos y adquirieron propiedades en la localidad.

Invasión planificada

Como anunciamos arriba, dado el propósito de ‘manejar’ la comunidad a su modelo, los nuevos vecinos fueron desde su llegada (la ola migratoria duró unos meses), muy activos en el proceso político local, introduciendo muchas de sus ideas a la localidad. 

No obstante, fracasaron en algunas pretensiones extremas, como sustraer al pueblo de la supervisión del Distrito Escolar, o con la ridícula propuesta de declarar al pueblo como “zona libre de Naciones Unidas”. 

En lo que sí tuvieron éxito, fue en recortar el presupuesto municipal [que no era proporcionalmente alto], mediante votación popular, bajo la promesa de que con menos impuestos habría más dinero en los bolsillos de los pobladores. No resultó así a la postre.

El factor de la idoneidad (o falta de) en la administración también tuvo su efecto. Comparativamente con localidades vecinas, por poco más de impuestos, aquellas urbanizaciones tenían mejores calles, iluminación y carreteras que Grafton. Ya en 2011, las calles bacheadas, falta de luminarias públicas, deficiente recolección de basura y casi nula vigilancia policial (un solo agente), eran manifestaciones del resultado.

Como anticipamos, la llegada de más pobladores armados y convencidos de su derecho a evolucionar sin límites, sumado a la falta de patrullaje policial, resultaron en los primeros asesinatos en la modernidad, y un alza del 12% en el número de delitos violentos, de acuerdo con las estadísticas regionales.

El coctel peligroso entre desregulación, recortes impositivos e ideas libertarias. La conducta irresponsable y “libérrima” de algunos nuevos habitantes, atrajo a los osos de los bosques vecinos, ya que no solo no aceptaban el tratamiento aconsejado para resguardar la basura, sino que otros, hasta ofrecían comida a los grandes osos negros. Esto era contrario a las sanas prácticas históricas del pueblo, que evitaba cebar a los animales para evitar desagradables encuentros en las zonas residenciales.

Dominando el consejo deliberante, la comuna rechazó llamar a las autoridades regionales para que consideraran la posibilidad de dar tratamiento o reubicar a las bestias problemáticas, de modo que, con el tiempo, la audacia de los ursos aumentó y los humanos pudieron ser sus víctimas como alimento.

Ya en 2016 era claro que el experimento había fracasado, el pueblo había sido desmantelado (en sus funciones comunitarias), y la arbitrariedad de las conductas individuales “libérrimas” producido situaciones incontrolables. No hubo mercado que regulara el desquicio. Después de doce años, los libertarios de toda condición, progresivamente abandonaron el condado.

El problema visto desde una perspectiva normativa y politológica, es que, aunque el daño ocasionado a la comunidad es evidente, dado que los libertarios actuaron dentro del Estado de Derecho, no dieron formal motivo para que intervinieran las autoridades estatales o federales. Se trató de un fiasco como proyecto, pero en parte es resultado de un proceso democrático justo, en el que los residentes con mentalidad comunitaria no se organizaron tan eficazmente como los libertarios.

Los perjuicios que sufrieron los pobladores (originales o nuevos) no pueden tratarse en una esfera legal, sino moral.

Una teoría impracticable

Aunque la (superficial) teoría de los libertarios y anarcocapitalistas pueda estar en boga en estos tiempos, por ejemplo, en la Argentina, la experiencia de Grafton arrojó dudas razonables de que el libertarismo se pueda poner en funciones exitosamente. Las bondades de la libertad y la “no carga” de impuestos, pronto mostró los mayores problemas que trae prescindir del Estado.

Como con la basura, no se puede dejar todo al mercado. Tal vez pueda regular precios (si existe real competencia), pero hay demasiados aspectos de la vida humana que no puede cubrir, por necesarios e invalorables, por lo que el modelo anarcocapitalista necesariamente falla.

A pesar de este fracaso empírico, una parte del electorado respalda al Libertarismo, incluso en los Estados Unidos, donde el Partido Libertario vuelve a participar en las presidenciales de 2024.

Conclusiones

Cuando como en Grafton, se privilegia la libertad sobre el orden, aquella predomina y este se pierde totalmente, habilitando a la prevalencia de la fuerza, por encima de la razón; «La ley del más fuerte!» 

La historia de la Humanidad antes del Estado moderno, fue una sucesión de hechos increíblemente caóticos y violentos. Las posesiones, la pareja y hasta la propia vida dependían de uno más fuerte, más armado, o menos escrupuloso. Tan simple como ello. la libertad sola, sin orden, termina siendo negativa para ella misma y que los más débiles terminan siendo perjudicados.

Aunque los ideales libertarios sean inspiradores para algunos, y resultar muy atractivos para electorados desencantados con los políticos tradicionales –especialmente en épocas de crisis económicas–, entregarles el poder a los adherentes a esta corriente política, es un riesgo cierto de caos y anarquía, y ya se sabe, que cuando se manifiestan esos fenómenos en toda sociedad, amanece LA TIRANÍA.