La inteligencia humana…¿está retrocediendo?

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Un tema recurrente en conversaciones coloquiales, siempre disparador de porfías, es que, sí o no la humanidad en promedio es en la actualidad más inteligente que nuestros predecesores. Los que van por la afirmativa se fundan en el argumento de la “evolución biológica mental”; capacidad cerebral ampliada por la cuantiosa información y/o conocimientos incorporados a nuestra conciencia, que no existía en el pasado. Sin embargo, existen estudios de campo (naturalmente en la esfera científica) que, en principio, contradicen aquella difundida creencia.

Por Roberto Candelaresi

El debate se reavivó desde la publicación de un artículo cuyo autor es el consultor suizo, experto en estrategia y licenciado en Ciencias Christophe Clavé, intitulado «El déficit del coeficiente intelectual de la población*». En efecto, allí afirma:

“El coeficiente intelectual medio de la población mundial, que desde la posguerra hasta finales de los años ’90 siempre había aumentado, en los últimos veinte años está disminuyendo… Es un efecto FLYNN, pero a la inversa. El empobrecimiento del lenguaje puede ser uno de los factores más importantes de este retroceso.

Naturalmente aquel aserto se puede resumir en que: “se advierte DECADENCIA en la población mundial”. Lo cierto es que Clavé aborda esas conclusiones, luego de cotejar numerosos estudios de campo que midieron el coeficiente intelectual (CI) desde mediados del siglo XX [el análisis del coeficiente de inteligencia (IQ, por sus siglas en inglés) es un dato que históricamente era tenido en cuenta al momento de evaluar el desempeño académico de niños y jóvenes], y este indicador siempre estuvo en aumento desde el inicio de la posguerra hasta la década del ’90 (ese crecimiento se lo conoce como Efecto Flynn*), cuando comienza a decrecer –al menos según las constantes mediciones (pruebas) en los países más desarrollados–. Particularmente se basará en uno de reciente factura cuyos hallazgos detallaremos más abajo, elaborado por investigadores del Ragnar Frisch Center for Economic Reserach (Noruega) y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America Journal (PNAS).

Su libro “Les voies de la stratégie” [Editorial ESKA –no traducido al español–], es material de consulta para poder entender esta sociedad hiperconectada, pero que aparentemente nos conduce a una gran pobreza intelectual colectiva, según la mirada del especialista. Veamos algunas de sus ideas:

Varias causas pueden ser responsables de este fenómeno. Uno de ellos puede ser el empobrecimiento del idioma. De hecho, varios estudios muestran el declive del conocimiento léxico y el empobrecimiento del lenguaje: no es solo la reducción del vocabulario utilizado, sino también de la ausencia de sutilezas lingüísticas que permiten el desarrollo y la formulación de un Pensamiento Complejo.

La progresiva desaparición de los Tiempos Verbales (subjuntivo, imperfecto, formas compuestas del futuro, participio pasado) casi siempre crea un pensamiento en el presente, limitado por las partes al momento, o sea; incapaz de proyecciones en el tiempo. Los tiempos y modos verbales han quedado restringidos a las necesidades del pensamiento elemental.

La simplificación de las tutorías, la desaparición de las mayúsculas y los signos de puntuación son ejemplos de “golpes fatales” a la precisión y variedad de expresión. Solo un ejemplo: la supresión de la palabra “señorita” (ahora obsoleta) significa no solo renunciar a la estética de una palabra, sino también renunciar involuntariamente a la idea de que existe una fase intermedia entre una niña y una mujer.

Menos palabras y menos verbos conjugados significan menos capacidad para expresar emociones y menos oportunidades para PENSAR, elaborar un Pensamiento. La articulación de deducciones sofisticadas, analogías, simbologías, requieren de un manejo de la verba que excede los caracteres del mundo digital, en los que todos estamos insertos. 

Incluso investigaciones muestran que algunos tipos de Violencia en los sectores público y privado están directamente relacionados con la incapacidad para expresar emociones (en palabras). El pensamiento complejo se vuelve imposible sin palabras que respalden las afirmaciones (construyan un razonamiento). Cuanto peor [más pobre] es el lenguaje, más pensamientos desaparecen.

Clavé afirma que los gobiernos totalitarios tratan de frenar la educación ya que la misma conduce inexorablemente al camino de las ideas, por ende, al pensamiento crítico.

“¿Cómo se puede construir un pensamiento hipotético – deductivo sin el uso de un verbo condicional? ¿Cómo se puede considerar el futuro sin una conjugación en el futuro?”.  

Las batallas culturales también se ganan por parte de regímenes no necesariamente totalitarios, obstaculizando el pensamiento, mediante una reducción del número y el sentido de las palabras. Sirvan como ejemplos dos distopías de la mejor literatura como “1984” de G. Orwell y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury. La palabra es entonces un arma.

Enseñar y practicar el idioma en sus formas más diferentes, aunque parezca complicado, es el camino del progreso, ya que detrás de ese esfuerzo está la libertad. Quienes afirman la necesidad de simplificar la ortografía, abolir los géneros, los tiempos, los matices o sea todo lo que crea complejidad, son los verdaderos artífices del empobrecimiento de la mente humana. (Clavé dixit).

Concluye con este axioma: «No hay libertad sin necesidad. No hay belleza sin el pensamiento de la belleza». En la actualidad, sin embargo, prevalece el mínimo esfuerzo y el lenguaje simple. Hay hasta temor al pensamiento complejo, a la elaboración abstracta, a la lectura de libros que requieren algún esfuerzo del lector.

Retomemos el citado trabajo de los científicos noruegos; que ha concluido que el cociente intelectual de los nacidos más tarde es menor. Los resultados han ido empeorando en concreto desde la Segunda Guerra Mundial. Pero ya había diversos estudios realizados en Dinamarca, Reino Unido, Francia, Holanda o Finlandia que encontraron en los últimos años que los puntajes de coeficiente de inteligencia (IQ,) en las poblaciones analizadas habían disminuido considerablemente en comparación con generaciones anteriores.

Estos datos contrastan con la teoría elaborada por el neozelandés James Robert Flynn, quien dedicó su vida al estudio de la evolución del coeficiente intelectual mundial, (por lo que se bautizó ese continuo aumento como el Efecto Flynn).  El término ‘Efecto Flynn’ fue acuñado por Richard Herrnstein y Charles Murray, autores de ‘The Bell Curve’ refiriendo a los hallazgos de aquel.

Sus conclusiones, por el continuo incremento (mientras los midió), publicadas en 2007 en su libro «¿Qué es la inteligencia? Más allá del Efecto Flynn», forjaron la creencia en la creciente e inevitable evolución del coeficiente intelectual, que los seres humanos serían más inteligentes que la generación que les precedió. Los inventos, hallazgos y avances en el mundo de las ciencias y de las artes en la segunda mitad del siglo XX, parecieron validar su tesis.

Sin embargo, el salto al vacío se produjo al mismo tiempo que la civilización entraba en la revolución digital, aunque cada vez se comprendían menos los procesos y teorías electromagnéticas. No se trataba de cómo funciona 4K HDTV y la ciencia detrás de él, se trataba de poder comprarlo. El conocimiento ha sido reemplazado por tarjetas de crédito o efectivo.

Desde un poco más de treinta años todo se volvió más simple y perfecto, y también relativamente más barato. Solo basta comprarlo. Pasamos de La Prensa a los medios masivos de comunicación. Estamos reemplazando Los Libros por televisión, por documentales para el público en general y por las redes sociales en las que el sabio y el lego se empardan y son indistinguibles.

«Yo soy visual, aprendo con imágenes», repiten con su más natural inteligencia una creciente porción de la población (ciudadanía) que se da por informada por la TV, diarios y Wikipedia. Sin curiosidad por los libros, ni siquiera los clásicos. Paradójicamente en una sociedad posmo que reivindica lo intangible y lo cualitativo, por sobre lo tangible, cuantitativo y medible.

Las computadoras móviles que significan los celulares de la actualidad, con todas sus prestaciones ofrecidas, no es usualmente aprovechadas para escuchar buena música ni leer buena literatura, se utilizan mayormente como una herramienta básicamente para el ocio, para distraernos, para «matar el tiempo», no para que seamos más sabios. El uso político es circunstancial y el comercial consustancial.

Según lo inferido por Clavé de las últimas mediciones [en las pasadas dos décadas al menos], lo que se creía en evolución ascendente, empezó el camino contrario, a descender. O sea, el efecto Flynn dio la vuelta en “U”. Parecería entonces –esto apoyado por el facilismo y evasión comentadas–, que cada vez somos menos inteligentes, más básicos y más renuentes a las abstracciones complejas.

Tal vez esa sea la razón por la que una creciente parte de la sociedad no sienten necesario apoyar sus creencias en argumentos racionales, lecturas pertinentes o cualquier cosa que la aleja de las pantallas. Ese razonamiento verbal constreñido, falto de vocabulario, de comparaciones críticas, tiene una contrapartida en la esperanza puesta en la inteligencia artificial y la computación cuántica, llamadas a liberarnos de complejidades y abstracciones. Un salto al primitivo sencillo y simple.

Suscribimos a Clavé, en que una de las causas principales de esta aparente disminución generalizada de la inteligencia, está vinculada al empobrecimiento del lenguaje. Hoy, especialmente los más jóvenes, manejan un vocabulario básico, de entre 400 y 750 palabras. Y ello implica la desaparición de sutilezas, el doble sentido, los juegos de palabras, leer entre líneas, entender las ironías, descifrar las parábolas o simplemente cuestionar razonadamente los que se lee o se escucha es simple ilusión.

¿Qué sucede cuando desaparecen los matices y la relatividad? Se plantea un alto contraste en las posiciones que un Diálogo no soporta, y deriva en Polémica, en gritos, insultos y acusaciones, antes que argumentos de debate. Digamos que casi unívocamente emerge una radicalización en unos y otros, por lo que las víctimas no invitadas resultan tanto la complejidad, como las exactitudes, pues todo es igual, todo es «simple», sin reglas ni dificultadas. Una discusión entre Tarzán y los simios. En el idioma de los primates, claro.

La consigna parece ser: «Todo debe ser simplificado para democratizar el esfuerzo mínimo», pero a riesgo de minimizar el pensamiento y que solo quede la repetición de consignas y lemas. Que buena oportunidad para algoritmos teledirigidos, dicho sea de paso. “Monetizar” ya es el verbo preferido de las multiplataformas (mejor comprar que aprender y, obedecer pacíficamente a los comandos vía wifi).  

CRÍTICAS A LA VISIÓN DE ESTOS RESULTADOS.

En nuestro esfuerzo de objetivar en lo posible esta exposición, debemos decir que existe una controversia en la interpretación de las mediciones de la inteligencia. Efectivamente concurren al debate, miradas que afirman que las lecturas que dejan al ser humano como volviéndose cada vez más tonto, son erradas. Básicamente sostienen que trabajos con esas conclusiones muestran una visión simplista de la realidad y sirven de excusa para resucitar ideas racistas y clasistas descartadas por la evidencia científica.

Por otra parte, estos científicos críticos, como el investigador de la Universidad de Viena (Austria) Jakob Pietschnig, considera “demasiado simplista” resumir un asunto tan complejo con la afirmación de que estamos ‘perdiendo’ inteligencia. A su vez, el investigador de la Universidad Autónoma de Madrid Roberto Colom, dice: “A escala mundial se observan ganancias, estabilidad o pérdidas en el cociente intelectual, según el contexto cultural que observes”, no sería sensato establecer una conclusión general del efecto Flynn sobre la población mundial. En lo que sí coinciden ambas ‘posiciones’ es que atribuyen tanto la reversión como la subida original a causas ambientales, no genéticas.

Así es como, mientras la medición del IQ muestra estancamiento o pérdida en los países centrales, hay mediciones incrementales para países periféricos, tal como Argentina. Pietschnig cree que las mejoras en la nutrición, escolarización y servicios médicos explican el “efecto Flynn”, y explica que el ambiente refuerza el comportamiento inteligente, como un efecto ‘multiplicador social’.

De cualquier modo, recordemos que el CI es un estimador de la inteligencia general de una persona, un indicador global, sin embargo, hay indicadores que necesariamente deben emplearse antes de conclusiones universales, como los marcadores principales de inteligencia, basados en procesos de razonamiento resolución de problemas que tienen más impacto en comparación.

SALVANDO LA MENTE DE LA HUMANIDAD

Foto: Revista Marina

Desde lo socio-cultural podemos citar a Rad Bradbury en una de sus más célebres frases: “No tienes que quemar libros para destruir una cultura. Sólo haz que la gente deje de leerlos”. La lectura es por excelencia el medio más eficaz para adquirir cultura, vocabulario, buena ortografía y ejercitar el pensamiento.

Los científicos expertos aseguran, no obstante, que la disminución advertida se debe a una diferencia en la técnica de enseñanza en las escuelas de los idiomas y las matemáticas, también invocan a otra razón ya que creen, asimismo, que la mengua podría deberse al incremento del tiempo empleado en dispositivos tecnológicos (en lugar de leer libros).

Cambió la forma en la que la gente aprende y trabaja, la inteligencia no está basada en la memorización o en aspectos matemáticos y/o de vocabulario que miden los test tradicionales, sino que se vincula más con los recursos que se pueden encontrar de manera creciente en el mundo digital, es lo que sostiene la neuropsicóloga y profesora del Centro de Memoria y Envejecimiento de la Universidad de California en San Francisco, Dra. Katherine Possin.

Las nuevas herramientas del mundo digital están ayudando a pensar, trabajar y a aprender de una manera diferente, por eso los test deben evolucionar por el cambio. Hay distintos tipos de inteligencia que deben ser incluidos en la evaluación. Por ejemplo, la flexibilidad para plantear soluciones a los problemas.

Al final, como indica Flynn, el problema podría ir más allá de los resultados de unos cuantos test: “Los ciudadanos adultos necesitan tanto inteligencia como conocimiento para ser críticos con sus gobernantes, y en su caso, el peor descenso está en lectura e historia política. Es la disminución del conocimiento la que resulta desastrosa”.

Esta última reflexión –a la que suscribimos–, nos dispara una curiosidad: ¿existe alguna relación entre “nivel” de inteligencia y la ideología política? ¿Son más “inteligentes” los adherentes progresistas que los conservadores, o viceversa?, las posiciones de Izquierda y Derecha en el espectro político, en definitiva, ¿señalan más o menos aptitud para reconocer la realidad y operar racionalmente en ella?

En el próximo acápite, trataremos de indagar sobre investigaciones científicas, (para alejarnos de meras opiniones que siempre resultarían sesgadas por las subjetividades), acerca de este apasionante tema y sus conclusiones.

LA INTELIGENCIA HUMANA Y LA POLÍTICA

Foto: El Periódico

Una perspectiva harto polémica es abordar la inteligencia vinculada a cada ideología política, y probar científicamente si existe alguna relación entre el CI de una persona con la sustancia de su credo político. Izquierdas, derechas o centro, ¿definen mayor o menor ‘inteligencia’?.

Desde ya, el tema se plantea polémico, y cada postura política tenderá a reivindicar para sí, la adhesión de los ciudadanos más inteligentes, puesto que ser inteligente desde el punto de vista moral, es socialmente, intrínsecamente “bueno”.

Veamos, apartando todo juicio u opiniones sesgadas, en las ciencias sociales y la psicología, donde más allá de ciertos sesgos en su diseño –si los tienen–, hay una mayor cantidad de estudios que relacionan un más alto CI con las ideologías de izquierdas, que los que concluyen favoreciendo con mejor puntaje a las posiciones derechistas. No obstante, con test cerrados se obtiene una visión simplista y deberían tenerse en cuenta otros factores, que, desconsiderados tienen efectos distorsivos.

Muchos estudios arriban a resultados contradictorios. Tal vez, una explicación plausible es que la clasificación de las ideologías políticas en “izquierdas y derechas” es una excesiva simplificación de la realidad. Por otro lado, la cultura de cada sistema político (estado-nación o región) tiene un rol importante en el modo en el que se relacionan inteligencia e ideología.

Brevemente tratemos solo de presentar el problema conceptual que emerge toda vez que se pretende universalizar resultados masivos, utilizando categorías de análisis y rótulos, que no se ajustan enteramente a significados de los conceptos originales.

Así, tenemos que un conservador o un progresista clásico en un sistema (como par binario), puede variar como significante en otro. No obstante, existen algunas pautas comunes, como dice Lazar Stankov, que, por ejemplo, las personas conservadoras se caracterizan por una cierta rigidez cognitiva: valoran muy positivamente el seguimiento de constante de las normas y el respeto a la autoridad, las tradiciones la ortodoxia a la hora de interpretar textos. En definitiva, hacen suyo un marco de reglas que ya les viene dado por ciertas autoridades o grupos de presión.

Es una percepción generalizada (en el sentido común) que seguir estrictamente normas, es la antítesis del concepto de inteligencia, vinculado a la creatividad, la agilidad mental y lo novedoso para resolver cuestiones. Stankov también encontró correlaciones entre un bajo CI y una alta puntuación en conservadurismo, lo que reforzó su teoría, en el sentido que las personas con menos inteligencia se ven más seducidas por las posiciones políticas conservadoras.

Sostenemos sin embargo que esa relación entre ideología e inteligencia depende del contexto cultural de cada país. “Conservador” en diferentes países significan posiciones y referencias distintas que llegan a ser contradictorias entre sí. Por ejemplo, mientras en EEUU un conservador se relaciona al anticomunismo, en Rusia, significa apego al comunismo ortodoxo de Stalin (las antípodas).

Otro aspecto problemático para un buen “diagnóstico” de estas investigaciones, es considerar que cada una de las categorías [conservadores o progresistas], contienen a su vez subgrupos muy diferentes entre sí. Es decir, existen matices dentro de las ideologías. Por ejemplo, existen personas liberales en lo económico, pero conservador en lo social, como solemos testimoniar en nuestro país.

A su vez, Rindermann y su equipo encontró que las posturas moderadas (llamémosle de Centro) se relacionan con un alto CI. Pero Kemmelmeier encontró el fenómeno contrario: una alta inteligencia asociada a personas con posturas más radicales tanto de derechas como de izquierdas. Estas divergencias en los estudios de campo, se suelen producir al seleccionar al universo de casos bajo estudio, que no son necesariamente homogéneos entre sí. Si los grupos sometidos a investigación y seguimiento responden a distintas características (edad, cultura, residencia, único género, desocupados, etc.) necesariamente los hallazgos serán discrepantes.

Cuando se segmenta los grupos en razón de su nivel de CI, se detecta que los dotados con un nivel intelectual ‘normal’ [promedio] son seducidos por lo moderado. Cuando el nivel general del grupo es más elevado, se verifica que propenden a explorar visiones más sofisticadas y alejadas de lo socialmente establecido.

Otras investigaciones sin embargo han arrojado resultados disidentes de los citados, tal como entre un alto CI y una mayor tendencia a afirmar que se tienen unas posturas políticas bien definidas, mientras que las personas sin una ideología política definida tienden a obtener puntuaciones de inteligencia más bajas.

BRASIL ENSEÑA

Un estudio realizado en Brasil arrojó estas conclusiones globales: el cociente intelectual varía en función de la tendencia política de las personas, y más aún entre quienes están interesados en la política y quienes no lo están. Los asuntos de la política tienen cierta complejidad, y su comprensión requiere de una cierta capacidad cognitiva. De acuerdo con los autores del trabajo, la teoría de la inteligencia asume que la capacidad cognitiva puede influir en las actitudes políticas. La racionalidad impulsada por un mayor nivel intelectual, genera una consciencia de que es recomendable prestar atención a la política, porque la política influye en las vidas individuales y en el destino de las sociedades.

La tendencia al “centrismo” como de mayor racionalidad, en opinión de los autores del trabajo, es porque las posturas políticamente extremistas simplifican la realidad, lo que, en su plasmación práctica, tiene consecuencias negativas.

Finalmente, conforme a las tendencias observadas (semejantes a otros trabajos en Alemania y Reino Unido) presentan la hipótesis de mediación cultural; los individuos inteligentes identifican mejor y promueven los valores que son normativos en una sociedad y en un momento dados (en función de la posición del centro de gravedad normativo de cada cultura, sea de izquierda o derecha).

CANADA PRESENTE

Por otro lado, académicos de la Universidad Brock en Ontario obtuvieron en su cuantioso estudio de casos, [publicado por el Journal of Psychological Science] los siguientes hallazgos que vertimos sucintamente:

  • Las personas con un nivel inferior de inteligencia gravitan en torno a pensamientos de derecha [ideologías sociales conservadoras] porque el statu quo les hace sentir más seguros [sensación de orden], descartando que tenga relación con su nivel educacional.
  • Las habilidades cognitivas son críticas al formarse impresiones de otras personas y ser abierto de mente.
  • Las personas con baja inteligencia detectada en la infancia, tienden a desarrollar pensamientos proclives al racismo y la homofobia.

CRITICAS Y CONCLUSIONES

Los estudios disponibles sobre la materia como vimos. son muy controvertidos, muestran una tendencia a polarizar los resultados y con conclusiones por tanto altamente polémicas. En algunos casos resultan incoherentes.

Tengamos presente en primer lugar que tanto el desarrollo de la ideología como el de la inteligencia son procesos biológicos muy complejos, y ello es de por sí problemático. El mismo concepto de “inteligencia” es tan abstracto y no convencional, que incide en las perspectivas mismas de los investigadores, y, si no se centralizan en la misma definición, puede determinar grandes divergencias tanto de análisis como de resultados. Un mismo universo objeto de estudio podrá arrojar conclusiones hasta contradictorias.

En general, la sumatoria de las definiciones que ofrecieron a lo largo del tiempo reconocidos psicólogos e investigadores de la neurociencia, es lo que se sugiere tomar como rasgos conceptuales cuando de INTELIGENCIA se trata. Estos serían:

Facilidad para comprender situaciones y analizarlas debidamente; disponer de lógica; facilidad en el aprendizaje y la memorización; empatía; creatividad; resolución eficaz de problemas; pensamiento crítico; razonamiento con detenimiento; capacidad de planificación.

Como podemos observar, es difícil ya de por si con tantas aptitudes graduar “globalmente” a un sujeto en su inteligencia. Cada persona tendrá algunas aptitudes más potenciadas que otras. Con esto señalamos que la dualidad “inteligente” – “no inteligente” puede ser errónea.

En cuanto a las ideologías y su clasificación, también como vimos antes, es materia de controversia. En rasgos generales, podemos vincular a las izquierdas con el liberalismo SOCIAL (progresismo) abiertos al cambio y de tono global, mientras que las derechas se ligan al conservadurismo, apego a las formas y normas.

Pero esos rótulos hoy se conservan mejor para clasificar partidos políticos y/o sus ofertas, ya que los individuos pueden no apegarse estrictamente a todos los programas planteados, y ser “izquierdistas” en algunos temas y “conservadores” en otros. Tan es así, que incluso en los movimientos políticos – y lo vemos con toda nitidez en el escenario político argentino – a lo largo de los años su posición en el espectro va mutando. De derecha a izquierda o centro o, el camino contrario. El fenómeno del menemismo dentro del peronismo (casi antagónico a sus principios), o la UCR post-alfonsinista en la actualidad son claros ejemplos. A alianzas entre partidos otrora antagónicos, que perduran más allá de las coyunturas electorales.

Origen de la Ideología política en el Individuo

Nuestras preferencias políticas están impactadas por factores realmente determinantes. Mas allá de cualquier influencia genética hacia alguna postura ideológica, las ideas transmitidas por los progenitores, las experiencias de vida, el entorno social, las condiciones laborales, etc., son concluyentes para nuestras opciones. De cualquier modo, la ideología como tal trasciende la oportunidad del sufragio.

Hay mucha gente en la sociedad que a diferencia del militante y comprometido, se encuentra en un “espectro” y no necesariamente encasillada en una postura concreta. En las encuestas pueden aparecer como “indecisos” o N/S; N/C. pero también como «definidos» [lo están es esa coyuntura, pero pueden mutar en la ‘próxima’]. Es el sector de preferencia “pendular”, notorio desde hace muchos años en nuestra escena, y objetivo de toda ambición de candidatos.

Todo eso demuestra que el desarrollo de la ideología política es un aspecto de la personalidad en la que intervienen muchos factores, en el cual predomina el impacto del “ENTORNO” [familia, amistades, educación, clase social real o aspiracional, etc.].

Con todo lo que repasamos, podríamos concluir con que ni la inteligencia depende de la ideología política ni viceversa.

A MODO DE CIERRE:

Aunque se han obtenido resultados muy interesantes a lo largo de varias investigaciones, aún no se han obtenido resultados concluyentes que permitan afirmar con un buen grado de seguridad que las personas de cierta ideología política son más inteligentes que otras.

Los factores culturales y los matices dentro de los espectros políticos tienen una importancia que hace que sea difícil hallar tendencias universales.

Lo que sí entendemos como irrefutable, es que el sujeto que está ávido de conocer su entorno social, los resortes del poder, los porqués de tantas cosas. Aquél que procura una emancipación porque conoce o intuye que hay fuerzas que lo dominan, a las que quiere oponerse. En definitiva, aquél que se interesa realmente por la “VERDAD”, ese sí es el actor inteligente, el que no se somete.

La rebelión fáctica o latente en la humanidad es el indicador más idóneo para cotejar si retrocedimos, nos estancamos o avanzamos en nuestra evolución social, consecuentemente, tendremos noción del estado y la deriva histórica de nuestra inteligencia. 

Enero 2022                                                                *****

Referencias bibliográficas

  • Deary, I.J., Spinath, F.M., Bates, T.C. (2006) “Genetics of intelligence”. European Journal of Human Genetics.
  • Hatemi, P.K., McDermott, R. (2012) “The genetics of politics: discovery, challenges, and progress”. Trends in Genetics.
  • Kemmelmeier, M. (2008). Is there a relationship between political orientation and cognitive ability? A test of three hypotheses in two studies. Personality and Individual Differences, 45(8), pp. 767 – 772.
  • Rindermann, H., Flores-Mendoza, C., & Woodley, M. A. (2012). Political orientations, intelligence and education. Intelligence, 40(2), pp. 217 – 225.
  • Stankov, L. (2009). Conservatism and cognitive ability. Intelligence, 37(3), pp. 294 – 304.
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