JUSTICIA FERNÁNDO, DESCANSÁ EN PAZ

Por: Lihuel Cuesta

Recuerdo cuando me enteré la noticia, ere enero, estaba en Jujuy, al mediodía, con un calor intenso, como suele ocurrir en estas épocas en nuestro país.

Me acuerdo, fuimos a comer con un amigo a un restoran barrial, estabamos esperando la comida, mientras en la tele se narraba la noticia, la nefasta noticia, el asesinato atroz de Fernando Baez Sosa. los comensales perplejos, alerta urgente.

Como esos hitos importantes de la historia, de los que te acordas donde estabas, qué sentiste, de que manera te enteraste, yo estaba en ese restorán, tengo registrado al detalle su espacio, el color de las paredes, la forma de la barra, donde quedaba el baño, el calor que hacía, lo que comí. Todo.

El efecto se percibía en el aire, no era el único que se sintió atravesado por la terrible historia. El silencio de los comensales y las cabezas giradas hacia la tele suspendida en el tiempo me lo daba a entender. Todos nos sentimos de alguna manera identificados.

Comentamos el caso en la mesa, con mi amigo, mientras en las otras mesas corría el murmullo y cada cual acercaba información a su espacio.
Me acuerdo algo más, comer comida caliente con la temperatura rozando los 40° no fue buena idea.

Dolor, incredulidad, extrañeza, esas sensaciones que atraviesan el cuerpo propio y el colectivo. No hubo persona a quien le pasara inadvertido el hecho.

Pasó el tiempo, los primeros meses era el tema excluyente en los medios, marchas en las calles y pedidos de justicia en las redes. Con el tiempo, como todo, pareció ir quedando atras la historia. (me refiero al caso en la agenda pública y judicial, por supuesto no a Fernando, él ya nos había marcado a fuego). El tiempo mediático es tirano, a veces echa al olvido aquello que ya no mide.

Hoy, enero 2023, 3 años después de aquel calor intenso, nos vuelve a correr en la piel el caso. Volví a leer las noticias, la historia de Fernando, el caso de los 8 imputados. Otra vez la conmoción, el dolor, el llanto, por ese pibe que ni conocí. Hablé con mi novia, también lloró, y mientras escribo esto se me pone la piel de gallina. No puedo dejar de pensar por qué.

Me gusta pensar, que la muerte de Fer, (si me permite) no pasará inadvertida. Ya todos conocemos su nombre, su cara, su historia, su vida, y, lamentablemente, su muerte.

Fernando trascendió. Logró eso que pocas personas consiguen en la vida, conmover el alma humana, y para más, a escala masiva.

“Tu dolor es amor, transformándose en mundo” Cantaba Miguel Abuelo.

Yo creo que sí, despertó en todos nosotros esa chispa de compasión que nos hace humanos.

Logró, también, eso que pocos consiguen en nuestro país. Cerró la Grieta.

Necesito creer que las vueltas del destino tenían preparado esto para él, que para siempre en la historia, quedara su nombre asociado al concepto más noble que puede haber entre los hombres, el de Justicia.

Fernándo José Baez Sosa
Justicia por él. Por su alma. Por su familia.
Por todos nosotros.

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