8M ¿Feliz día?

Por Huayra Suyay Cuesta

Todavía recuerdo cuando llegué a entrenar un 8M, cuando volvía de marchar. Entré al gimnasio al último horario con una remera que decía “Éramos chicas buenas, ya no”. Mientras esperábamos 5 minutos a ver si llagaba alguien más, el entrenador decidió contarme un “chiste que le envió un amigo”:

  • Si hubiese un día de los hombres, haríamos un asado y nos juntaríamos con amigos. A las mujeres les das un día y salen a protestar.

Estoy parafraseando, pero palabra más palabra menos, la frase era eso.

A nosotras nos encantaría tener un día para hacer una comida y juntarnos a pavear tranquilas, el problema es que cuando hacemos eso, tenemos que compartirnos ubicación y avisarnos que llegamos bien. El problema es que quizá en el camino alguien puede acosarnos, violarnos, secuestrarnos y/o matarnos.

Y eso no se queda sólo ahí. Tampoco podemos estar tranquilas en nuestros trabajos, en nuestras propias casas, en espacios públicos. De día, de tarde o noche, nos violentan, porque pueden, porque la impunidad del macho les permite violentarnos sin importar las consecuencias.

Desde el 1° de enero al 28 de febrero de 2023, se produjeron 56 muertes por violencia de género. En 2 meses 45 hijes perdieron a sus madres. Porque al parecer los hombres podrían hacer un asado en su día, pero no se toman vacaciones para dejar de matar.

Por eso luchamos y todos los días. Para que ninguna persona sea violentada económica, psicológica, física y/o sexualmente, ni de ningún otro modo. Luchamos para un mundo mejor, más justo, más seguro. Para que todes tengamos derechos, para que ya no haya privilegios, sino igualdad. Para que todes podamos salir tranquiles y vivir nuestras vidas.

Hoy es un día de paro, de lucha. Celebramos todos los avances que conseguimos. Estamos orgulloses de cada paso que se dio, pero queremos más, y la lucha no va a parar mientras los abusos sigan, mientras la trata y los asesinatos perduren, mientras las mujeres continuemos ganando menos que los varones, siendo las encargadas de las labores domésticas; mientras el colectivo LGBTIQA+ siga siendo denigrado y las personas trans sigan sufriendo el maltrato de una sociedad.

Hoy paramos, porque exigimos que nos escuchen. Porque perdimos el miedo de hablar. Porque éramos “chicas buenas”, ya no.

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