LULA

La democracia burguesa tiene un techo y bajo, por cierto.

Por: Roberto Candelaresi

Marco de Referencia

A la luz de las nuevas experiencias gubernamentales de centroizquierda en la región, de la que excluimos a la colombiana por ser muy reciente, notamos que las alianzas de este signo, han abandonado o al menos morigerado sus tradicionales principios, distributivos, inclusivos y de confrontación con el poder corporativo, con respecto a sus impulsos a principios de siglo.

Ya no hay agitación revolucionaria, se aceptan las estructuras electoralistas y formales del andamiaje sistémico de los estados, y se doblegan con concesiones al poder real. Errores estratégicos de las fuerzas populares, o derrotas por agotamiento en la confrontación sin pausas con el poder oligárquico e imperial, que cada tanto resurge con mucha fuerza, solo que esta vez, parece haberse solidificado en nuestro continente. La batalla cultural, acusa más derrotas que triunfo en el lado popular. El neoliberalismo (cosmovisión de origen capitalista pero que lo excede) ha hecho su trabajo.

Pedro Castillo junto a Gabriel Boric, dos presidentes de la izquierda progresista latinoamericana.
Ambos enfrentan profundas dificultades para gestionar sus gobiernos.

Tanto es así, que las fuerzas progresistas, nacional y populares, o socialistas, se ven obligadas en las contiendas electorales, a sacrificar muchos de sus valores fundacionales, pero aún obteniendo las victorias, ofrecen poco por lo que vale luchar. Esta es su paradoja. La autopercepción de las corrientes progresistas, es de estar limitadas por un techo que ya es connatural al sistema.

Prueba de ello, es que hay actores opositores a este tipo de gobiernos populares, que se constituyen en victimarios de los ‘reformadores’ violando todos los principios constitucionales, sin ser reprimidos adecuadamente. Esa es la tragedia: los victimarios cada vez más atacan mejor y las víctimas cada vez se defienden peor. O ni siquiera se defienden. Para empeorar la situación, grandes sectores sociales permanecen ‘neutrales’ frente a estos agravios, tal vez sea porque por lo menos una generación, ha dormido con el enemigo y le cuesta ahora despertarse; las personas nefelibatas pululan en la sociedad.

El autoritarismo político y social del fascismo, es claramente rechazado por la mayoría de los textos magnos de las naciones en nuestro subcontinente, (queda pendiente en Chile por su retroceso a la reforma propuesta), sin embargo, las rémoras del pasado dictatorial, y, la renovada fuerza de la derecha que dominó –como regreso del conservadurismo, el pasado lustro– [M. Macri/ J. Bolsonaro/ L. Lacalle Pou / S. Piñera/ J. Añez / L. Moreno, etc.], y, las –toleradas– manifestaciones ultras de los últimos tiempos en la región,  han resquebrajado los pactos fundantes del estado democrático y el compromiso de la convivencia civil. La cultura represora, impregnada en vastos sectores de la sociedad, tiene como otra herramienta de dominación establecer la doctrina del “techo bajo”.

Lula, el regreso

Como si lo señalado, en cuanto a ‘techo’ para la democracia posible en nuestros países, no fuera suficiente tope, el gobierno del expresidente brasileño Michel Temer -de dudosa legitimidad, si alguna- promulgó un mecanismo constitucional instaurado en 2016, conocido por “techo del gasto”, que impide ampliar gastos por encima de la inflación y congela por dos décadas el presupuesto. Es la gran bandera de neoliberales y sus partidarios del mercado financiero.

Michel Temer, expresidente de Brasil, asumió el poder en 2016 luego de la destitución de Dilma Rousseff

Esa medida de ortodoxia liberal, siempre aplaudida por «los mercados», impone un nuevo límite al que deberá cernirse Lula Da Silva, si se consagra nuevamente como primer mandatario. Se trata de una regulación social y civil, que atenta contra las eventuales políticas económicas coyunturales frente a la crisis inflacionaria mundial y local – o frente a la valoración de los mercados financieros de la deuda soberana – que pudiera adoptarse conforme al proyecto de la alianza que lo lleva de candidato, y en orden al principio de subsidiariedad para que el Estados pueda cumplir por si solo las políticas sociales y los fines de protección de los derechos de libertad, igualdad y solidaridad que constituyen el acervo democrático original, al que adhieren el PT y sus aliados.

La experiencia de gestión de “Lula”, nos indica que su programa obliga a los organismos gubernamentales a trabajar constantemente para eliminar las situaciones de desigualdad económica, social y cultural que dividen y fragmentan a los ciudadanos del país.

El límite condena a la inmovilidad gran parte de la acción de la política estatal de igualdad y nivelación social. Su programa se basa en compromisos sociales mediante el reconocimiento de derechos recientes y nuevos, cuya efectiva implementación requiere el servicio del Estado. Por tanto, este techo, constituye el límite más fuerte para un nuevo gobierno de Lula. Debe ser prontamente removida, si quiere ampliar las posibilidades de la política fiscal. Actores beneficiados, como sindicatos y colectivos de agregación de intereses difusos en la sociedad, deberían desplegar todo su apoyo a la eliminación de la cota en cuestión. 

Lula claramente giró al centro al sumar al conservador Geraldo Alckmin como candidato a vicepresidente, y con esta estrategia presenta la discusión democracia contra el fascismo antipolítico, y no como un debate entre izquierda y derecha, el riesgo es luego, la posibilidad de revertir todo el desaguisado bolsonarista. Por ello tendrá una vez asumido el poder, actuar con prontitud (dentro de los tradicionales 100 días) para consolidar el apoyo popular que lo ponga nuevamente en la primera magistratura.

Geraldo Alckmin, quién supo ser contrincante de Lula, hoy lo acompaña en la formula electoral.

Otro objetivo es también consolidar el respaldo que, cierta élite que apoyó originalmente a Bolsonaro, se pasó a sus filas conscientes de los dislates del mandatario ultramontano a quien no pueden manejar, y que le está costando mucho al Brasil (y a sus negocios). Dada la situación crítica interna y belicosa externa, Lula tendrá más estímulo para reimpulsar la alicaída integración regional y el lazo especial con Argentina. 

Desafíos:  El reto de lo antipolítico que deja acrecentado Bolsonaro

Lula deberá trabajar para la reconstrucción de la confianza en la palabra pública y en el gobierno, como herramientas de expresión de las necesidades de quienes más sufren, que es básicamente un eje estratégico de su proyecto político, y millones de brasileños reclaman.

Toda autoridad, es una construcción simbólica, por eso requiere de atributos. En los sistemas democráticos la legitimidad del gobernante (sus “atributos”) se asienta en un “contrato” (también simbólico) con el pueblo: ser garante del proyecto político que encarna, cuyas propuestas se someten a la compulsa popular, por eso el gobernante democrático es representante de la voluntad popular.

Jair Bolsonaro, actual presidente de Brasil, rival de Lula da Silva en las elecciones de este domingo.

Bolsonaro se maneja con cinismo, y, como indica el manual marketinero de la derecha que tantos frutos les ha dado, se legitima diciendo lo que la gente quiere escuchar. Esto, para muchos crédulos funciona, y adhieren. En otros, si el engaño es reconocido, se alejan del voto y de la política, pero peor; se suman a la antipolítica

Prevenciones y CONCLUSIÓN

Los sectores concentrados apoyan propuestas que corroen la legitimidad democrática y apuestan al abandono de la participación política por parte de las mayorías, [que prime “la ley del más fuerte”], y como principio del individualismo irrigado; cada cual debe enfrentar solo su infortunio, se desvía el odio hacia “la casta política”. En esencia, se trata de un discurso FASCISTA.

Los “errores” de gestión [cualquier incumplimiento de la expectativa, sin perjuicio de sus causales] siempre tienen peso simbólico y político fenomenal. La “moral republicana” está alta, lo que equivale a que la ciudadanía está susceptible a las conductas de quienes pretenden liderarlos. A esa prueba se someterá Inacio Luiz «Lula» Da Silva, hay demasiadas esperanzas puestas sobre sus hombros, y la sociedad ya no es la misma que lo ungió hace 20 años.

El Proyecto Político pasa por la reconstrucción de la confianza en la palabra pública y en el gobierno como herramientas de expresión de las necesidades populares. Si no se cumple lo prometido, resulta en un daño a sacrificados de su propia construcción colectiva y, alimenta la CONTRA [nueva derecha / antipolítica], que ven a los dirigentes (curiosamente no a sus propios “referentes”), como parte de la Casta de Privilegiados. La consecuencia más frecuente es que se rompe el lazo social, un serio problema sociopolítico de las repúblicas occidentales. 

Los atributos necesarios para el ejercicio del poder no pueden perderse. es la condición de posibilidad del proyecto del campo popular y detener la noche neofascista. Lula tiene las espaldas cargadas con ese propósito. Hoy, y luego de la impronta bolsonariana, el sistema democrático es disfuncional con la acumulación neoliberal regresiva, que “La esperanza popular” deberá revertir para consolidar la gobernanza y sumar voluntades legislativas para asegurar la nueva gobernabilidad.

Desde acá, hacemos votos para que gane la DEMOCRACIA una vez más en la potencia sudamericana, para el bien de su pueblo y de toda la región.

30 de septiembre 2022