Globalización en crisis y la reorganización del Orden Mundial

Por: Roberto Candelaresi

Introito

En la actualidad, lo que parece ser una revolución no lo es. Se trata de diferentes formas de capitalismo en pugna. La globalización demostró que el sur siempre fue explotado, y que, si los países manejan sus propios recursos pueden ser rentables, sin la hegemonía de EEUU que ya no es por la productividad o adelanto tecnológico, sino que tiene que ver con el control financiero, y, que pretenden reorganizar la producción y la división internacional del trabajo para mantener barato todo lo que no sea de su producción. A la tecnología de punta la protegen. Piden subordinación si quieren compartir, algo de lo mucho que “ofrecen”.

Los EE.UU. toman como declaración de guerra la creación de un sistema financiero alternativo. Pero el imperio del dólar está en decadencia, aunque es casi imposible sustituirlo ahora. Ya hay comercio petrolero en otras divisas, por ejemplo.

Lo de la guerra entre democracias y autocracias es un falso slogan. Son imperialismos los que combaten. Entre oligarquías, que son las ganadoras en el capitalismo financiario en todo el mundo. Significa también un retroceso para las democracias.

Ocurre que EE.UU. para seguir prevaleciendo, gasta demasiado, por lo que necesita captar parte de la riqueza del resto del mundo. La pugna está por el reparto del mercado mundial. Por eso, la lucha será larguísima.

Por ahora no hay consciencia de los límites ambientales que debe respetar la producción, que en muchos casos se destina a la destrucción -para peor- y el crecimiento de la productividad, sin pensar en nuevos modos de producir, ocasiona la destrucción del planeta y el riesgo de inhabitabilidad para toda la humanidad.

Las organizaciones internacionales surgidas a partir de la segunda guerra mundial, aunque bajo la hegemonía norteamericana [ONU, FMI, BM, Tribunales internacionales, etc.], estuvieron por décadas “equilibradas” por el antagonismo con la URSS y países bajo influencia comunista o socialista. Al caer el gobierno comunista, las instituciones pasan a ser casi irrelevantes. A menos, que estén al servicio de los intereses yankis, como el caso de la OTAN. Las invasiones y guerras sin causa declaradas unilateralmente por EEUU y sus aliados, en los últimos 30 años son elocuentes. Los foros internacionales devienen en agencias estadounidenses que manejan su discurso imperial.

OTAN, una organización militar al servicio de los Estados Unidos
Los cambios de regímenes ya no suceden por revoluciones

Ya no se piensa en revoluciones como alternativas de cambio. Han sido ideológicamente derrotadas. En el “primer mundo”, las fuerzas de izquierda implosionaron o se asimilaron a la cultura (ideología mercantil) liberal. Pero ante el fracaso de la estrategia ‘leninista’ no ha habido en las corrientes de izquierda ninguna discusión acerca sus motivos, ni menos ha aparecido una alternativa con la misma capacidad política para la transformación.

El comunismo está muerto, pero el liberalismo está en crisis existencial. Tanto como el capitalismo, que hoy se ponen en discusión sus formas. La guerra es una expresión.

Latinoamérica en la reconfiguración del orden mundial.

América latina tiene siempre un importante rol en el mercado mundial, que normalmente dominó EE.UU., pero el neoliberalismo –su método desde los ‘70– hoy está cuestionado, por eso el hegemón trata por todos los medios de recuperar su control.

Los Movimientos Sociales son los únicos que le pueden poner límites al capitalismo, sin ellos, las regulaciones no pasan del intento. Especialmente hoy, que en el mundo, los Estados de Bienestar están débiles o extinguidos, los que históricamente fueran los paraguas para la expresión de movimientos sociales y el equilibrio democrático. El único límite que tiene el capitalismo es político, por eso hay que organizarse para enfrentarlo.

La característica actual del capitalismo neoliberal es el MONOPOLIO, justamente la falta de competencia que permite toda concentración de riquezas (poder material) en pocas manos. Emergió un nuevo equilibrio de poder contrariando sus principios filosóficos (liberales), que precisamente abjuran de la formación de monopolios no naturales, o la falta de control a los naturales.

Monopolios: Las grandes empresas concentran cada vez más mayores porciones de mercado.

El del papa Francisco en Europa es el único discurso que cuestiona y exige límites a la autodestrucción capitalista, pero esta razonabilidad, no es muy acompañada por fuerzas propiamente políticas.

Respecto del cese de la(s) guerra(s) se debe pensar en una PAZ que sea diferente a la de las condiciones previas, porque ellas condujeron precisamente a la GUERRA. Se requiere otra organización del mundo para que la PAZ sea cierta y duradera.

El conflicto es de difícil resolución porque aún no hay una potencia que se imponga y reemplace a los EE.UU. en términos políticos, económicos y financieros. A su vez, Estados Unidos no tiene un proyecto mundial, solo su propio Plan Estratégico que solo pondera e impone SUS INTERESES. Por otra parte, si el Sur (como concepto geopolítico pues alude a países emergentes) decide no seguir perdiendo SOBERANÍA, la comunidad mundial se complejiza.

Ciertamente, la guerra es la máxima complicación ya que además de destruir y consumir ingentes recursos (incompatibles con la sustentabilidad de la vida futura), pero, reorganiza el mercado mundial. Por ello, Europa occidental será la región más perjudicada. Es decir, las conflagraciones traen cambios económicos que pueden significar un retroceso para algunos, un crecimiento para otros.

Volviendo a lo estrictamente político, digamos que la clase obrera como tal (la del siglo XX con tantas revoluciones en su haber) ya desapareció. Aunque en este siglo haya más trabajadores que nunca en la historia, incorporados a la producción mundial (no ya de supervivencia, como en India, China o Indochina en otras épocas), ya no están plenamente organizados (sindicatos) por lo que no ya no representan un SUJETO POLÍTICO.

¿La Guerra cambiará el modelo de producción capitalista?

Aunque claramente el actual rumbo de la producción es destructivo, y han caído los mitos de que a mayor producción mayor riqueza y por ende más oportunidades para la humanidad, es difícil anticipar que cambio pueden tomar los sistemas productivos en su conjunto, aunque sin duda habrá mercados (países) que evolucionarán más en consonancia con la preservación de la naturaleza. Una industria más limpia y “verde”.

Por ahora solo empeora la economía mundial, por los obstáculos que, por las sanciones a Rusia, se levantan en la circulación (distribución de mercancías e insumos) y el comercio global. Altos costos y quebrantos logísticos.

Europa claramente es la más perjudicada, pues se rompió el esquema de gas e insumos minerales baratos desde Rusia, para sostener sus colocaciones en el exterior, especialmente en el Este y su intercambio denso con China. Pero ese es el precio que pagan los occidentales por su adhesión acrítica a los dictados de Estados Unidos, país que se ve incluso favorecido, porque resurge ante la crisis bélica como confiable proveedor.

La pandemia desnudó la crisis y la destructividad del capitalismo en su modalidad actual. Las recurrentes zoonosis son prueba del contacto animal con humanos por la destrucción de sus hábitats y la subsecuente migración hacia territorios urbanos. Los ex estados de bienestar desmontados, también evidenciaron sus actuales déficits en materia de asistencia masiva ante una demanda creciente.

Corriéndose a la DERECHA

Desde la implantación del neoliberalismo se generó una etapa de crisis de las democracias, y ello porque las demandas sociales a los Estados, les exigían que obtengan recursos frescos para redistribuir. La reducción paulatina tuvo como misión, morigerar los gastos públicos. Posteriormente y hasta llegar a nuestro presente, se radicalizó esa postura, al operarse una creciente reconcentración de las riquezas [la centralización del capital] e ir disminuyendo las disponibilidades para Gasto Social.

El patrimonio e ingreso de un 2%, reúne el 80% del capital mundial. Esto genera tensiones, que suelen derivar en polarizaciones que dividen las mayorías. De la mentalización favorable a este statu quo deriva en actitudes individuales de algunos políticos y de fuerzas políticas de corte fascistoide. El populismo de derecha resurge en el mundo dividido, apenas menos agresivo que en el pasado, sencillamente porque no tiene su némesis para confrontar (el viejo comunismo), y por tanto temor a perder adeptos. El capitalismo (sus élites) aprovechan para desembarazarse de sus principios liberales y utiliza cada vez más, formas y expresiones de extrema derecha (agresivas, excluyentes y violentas).

¿Y la IZQUIERDA?

Las fuerzas de esa tendencia, incluyendo a la socialdemocracia europea o toda expresión de socialismo, dejó prácticamente de existir porque se desvaneció la sensación de una revolución prometedora. Si no hay revoluciones, no hay modo de imponer relaciones de poder en la sociedad, y más importante un genuino programa político. La izquierda bajó los brazos. Es en nuestro continente donde aún conservan fuerzas (moderadas, las actuales) con pretensiones de transformación, los que, con movilizaciones sociales masivas, logran cada tanto imponer algún tema en la agenda, pero encorsetados en regímenes capitalistas y constitucionalmente formalistas.

Si no hay revoluciones, no hay modo de imponer relaciones de poder en la sociedad, y más importante, un genuino programa político. La izquierda bajó los brazos.

Roberto Candelaresi

Repasemos que nuestro concepto de revolución, siempre es un término referido al ámbito político, ya que implica un cambio radical del sistema económico y político. Las ‘revoluciones tecnológicas’ son en realidad cambios tecnológicos, que per se, nunca pueden determinar una revolución sociopolítica.

CONCLUYENDO

El profesor Maurizio Lazzarato, dice que la subjetividad siempre ha sido considerada como un elemento no central en la economía, o sea un concepto no económico.

Sin embargo, coincidimos en pensar que con el control de la subjetividad [la moral, el deseo impulsor], no solo se obtienen productos socio-políticos, sino económicos. Si cambia la subjetividad, necesariamente se plasma en un cambio económico. En el plano del trabajo, del consumo.

El modelo de subjetividad de nuevo cuño debería ser refractario a la guerra, a la extrema derecha con su acotamiento de derechos, al discurso ramplón de la derecha nazi-fascista. Pero hoy la subjetividad por más que coincidamos con el Dr. Lazzaratto en su centralidad, no está ampliamente considerada en las ciencias sociales, que le de otra mirada que la propia de la Economía. La crisis mundial es cada vez más política, la academia debe su atención a este asunto.

Diciembre de 2022

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